La sostenibilidad fiscal es un reto cada vez más apremiante que no se solventará con parches coyunturales

Los proveedores de todo tipo están en guardia frente a los incumplimientos gubernamentales, y esto es sólo una señal, dramática por cierto, de la urgencia de soluciones estructurales a una crisis que, por más que se quiera disimular o disfrazar, está aquí haciendo diversos estragos.
Enlace copiado
Enlace copiado
El Gobierno acaba de colocar 600 millones de dólares por medio de la venta de bonos en el mercado internacional. Aunque el interés a pagar es alto debido a las complicadas condiciones financieras del país, especialmente derivadas de la gran cantidad de obligaciones por cumplir y del crecimiento constante de la deuda pública, esta colocación de títulos alivia momentáneamente los ahogos económicos de la institucionalidad gubernamental, y da un pequeño margen para animarse de veras a entrar en zona de acuerdos consensuados de cara a la sostenibilidad fiscal permanente que tanto se necesita para ya no seguir con el agua al cuello, como venimos estando desde hace ya bastante tiempo.

La situación en cuanto a disponibilidad de fondos ha llegado al punto en que ni los gastos normales pueden ser atendidos oportunamente, y por eso hay ya funciones estatales que se hallan en riesgo de colapso. En las áreas de Educación y de Salud los vacíos y las insuficiencias en los servicios básicos se han vuelto pan de cada día, y aun instituciones como la Fiscalía General de la República, que están desempeñando ahora mismo un papel tan vital para el desempeño de la legalidad en el ambiente, padecen penurias que afectan directamente su buen funcionamiento. Los proveedores de todo tipo están en guardia frente a los incumplimientos gubernamentales, y esto es sólo una señal, dramática por cierto, de la urgencia de soluciones estructurales a una crisis que, por más que se quiera disimular o disfrazar, está aquí haciendo diversos estragos.

El tema en sí no es ningún enigma por descifrar: todo proviene de que se ha gastado y se sigue gastando más de lo que permiten las condiciones reales del ingreso. El estar creando programas asistencialistas sin el debido contraste con las disponibilidades reales de recursos ha abierto múltiples desagües que luego hay que tapar de manera imperativa, como se ve ya en el campo de los subsidios. Por otra parte, el aumento desmedido de la planilla de puestos en las distintas áreas gubernamentales trastorna inevitablemente el panorama. La búsqueda de imagen favorable entre la gente y el clientelismo político son factores de alto riesgo que atentan constantemente contra la sostenibilidad fiscal, asediada y manipulada a cada paso.

Es patente, a estas alturas, que los remiendos de ocasión sólo producen respiros que se extinguen casi de inmediato, porque los vicios y las distorsiones continúan haciéndose valer. Un tratamiento verdaderamente responsable del fenómeno implica controlar el gasto en forma inteligente y disciplinada y promover decisivamente el flujo de ingresos por la vía más sana y consistente, que es el efectivo crecimiento económico nacional. Es decir, austeridad y creación de riqueza. Como nada de esto puede lograrse de la noche a la mañana, habrá que analizar otras medidas, que en ningún caso serán fáciles e indoloras, pero teniendo siempre en cuenta que se trata de hacer que el país se oriente hacia su saludable sustentabilidad con progreso activado.

Volvemos, entonces, inevitablemente, al punto clave y decisivo de los consensos básicos, sin los cuales no se podrá salir del coyunturalismo que hace flotar por un momento pero que no evita los ahogos que vienen. Construir cuanto antes una plataforma de arranque en la que confluyan las voluntades de los diversos actores políticos, económicos y sociales es, pues, la gran tarea por emprender sin más tardanza.

Tags:

  • bonos
  • 600 millones
  • sustentabilidad
  • proveedores
  • acuerdos

Lee también

Comentarios

Newsletter