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La tarea de estabilización fiscal es compleja y de seguro requerirá bastante tiempo, y por eso hay que consolidar entendimientos de inmediato

El Gobierno actual ha recibido fondos derivados de préstamos y también fondos provenientes de los impuestos en cantidades sin precedentes; y entonces salta de inmediato la pregunta sobre la causa de estar en los angustiosos aprietos actuales.
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Como estamos experimentando cada día de manera más patente, la normalización del quehacer nacional en todos sus sentidos es un esfuerzo que requiere capacidad, perseverancia y consistencia. El problema de manejo de estas exigencias del fenómeno actual consiste fundamentalmente en que las urgencias son tales que con mucha dificultad se pueden poner en práctica principios de acción que requieren a la vez tiempo y visión. Pero aquí viene a manifestarse el rol orientador que debe jugar el buen sentido aun en las condiciones más adversas y convulsionadas. Y ese rol les corresponde en primer lugar a quienes tienen bajo su responsabilidad inmediata la dirección y la conducción de los asuntos públicos; en otras palabras, es la gestión gubernamental la que tiene que dar la pauta, tanto en eficiencia como en responsabilidad.

Uno de los puntos que más complejidades presenta es el que se refiere a la administración de las finanzas públicas, que están ya en crisis permanente, como es bien sabido por todos. El Gobierno actual ha recibido fondos derivados de préstamos y también fondos provenientes de los impuestos en cantidades sin precedentes; y entonces salta de inmediato la pregunta sobre la causa de estar en los angustiosos aprietos actuales. Sin duda el no balancear lo que se gasta con lo que se recibe es el factor determinante de este descontrol. Por ejemplo, el crecimiento desmesurado del empleo público está haciendo de las suyas, y lo peor es que todo indica que es una tentación que no da visos de mermar. ¿Cómo puede haber estabilidad cuando no hay autocontrol, y cómo puede haber predictibilidad cuando todo se hace al vaivén de las apetencias políticas?

Si algo bueno tiene la real experiencia democrática en los hechos es que, al ser una competencia constante en la que hay un turno natural entre fuerzas para ocupar posiciones en el esquema de poder, conforme a las decisiones que va tomando la ciudadanía en las urnas, todos en algún momento están en el gobierno y en otro momento en la oposición, lo cual lleva sin duda una buena dosis de experiencia aleccionadora. Reconocerlo así, por todos y por cada uno, resulta clave para normalizar el ejercicio interactivo, que es el que en definitiva más importa. De ahí deriva que la democracia sea moderadora por naturaleza, como también es perceptible pese a todas las rebeldías que van apareciendo en el curso de su trayectoria.

En este momento del país la función democrática y la realidad de lo que se vive están sin duda en notoria alianza para enrumbar nuestro proceso hacia el desarrollo con estabilidad. No es casual entonces que sea la misma fuerza de las circunstancias la que esté llevando a las fuerzas políticas más enfrentadas a encontrar espacios de entendimiento que beneficien a todos. Aquí no se puede tratar, como no se trató durante la búsqueda de la solución del conflicto bélico, de vencedores y vencidos: aquí se trata de reconocer que el bien común necesita abrirse paso entre tantas incomprensiones y tantas conflictividades.

Seguir en la inercia de lo no resuelto sería apostarle al fracaso nacional en su expresión más incomprensible y más injustificable. Los actores nacionales tienen que hacerle honor a la confianza que, pese a todos sus desatinos y desafueros, continúa otorgándoles la ciudadanía. Pero en el entendido que no es una confianza para perseverar en el error, sino un aval condicionado a que se pongan de veras en línea con lo que la responsabilidad histórica les demanda.

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