La tarea decisiva para los partidos políticos en este momento es la conquista de la confianza ciudadana

El estar en fase de intensa competencia electoral hace que los partidos políticos tengan que aplicar todas sus energías al objetivo de buscar los mejores resultados posibles en la batalla de las urnas, para obtener en ellas los resultados más favorables que se pueda para cada quien.
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Esto es lo normal cuando los partidos tienen de cara a la ciudadanía una aceptación igualmente normal; pero en las condiciones actuales del fenómeno político en nuestro país, lo que se evidencia a cada paso, y sobre todo en las consultas de opinión que se le hacen sucesivamente al ciudadano, es que prevalece la desconfianza y el malestar por el proceder partidario en sus diversos desempeños, sobre todo cuando los candidatos se convierten en funcionarios en los distintos ámbitos de la estructura institucional.

Los partidos políticos salvadoreños no tuvieron hasta los años 60 del pasado siglo una existencia real como tales. En aquella década fueron surgiendo las primeras fuerzas partidarias reales, ya cuando el tránsito hacia una verdadera competencia democrática empezaba a dibujarse en el ambiente. Fue hasta en los inicios de los años 80, ya con la guerra encima, cuando las fuerzas políticas comenzaron de veras a actuar como tales, aunque, como era natural dada la inexperiencia histórica prevaleciente al respecto, los partidos de entonces estuvieran contaminados por las realidades turbulentas del momento. Fue en esos años cuando ARENA y el FMLN se dibujaron en el panorama como las fuerzas contendientes del futuro, una de derecha y otra de izquierda, con las connotaciones propias de la coyuntura de entonces.

Al entrar en la posguerra, los partidos políticos tuvieron un reacomodo natural en el escenario: la Democracia Cristiana, que había venido siendo la fuerza principal desde los años 60, cedió su posición al FMLN emergente como partido; y eso tenía una explicación lógica: durante todo ese tiempo la DC ocupó el puesto de la izquierda, y cuando el FMLN llegó al ruedo pasó a ocupar la posición que le correspondía. A partir de 1992, el esquema partidario se ha mantenido prácticamente invariable, específicamente en referencia a las dos fuerzas mayoritarias, y eso le da al esquema un claro tinte bipartidista no excluyente. Esto hay que valorarlo como un signo de estabilidad básica, que al mismo tiempo genera la responsabilidad compartida por todos de hacer siempre lo pertinente para que el esquema se mantenga saludable.

Desafortunadamente, los partidos con mayor fuerza representativa no han hecho a lo largo de las décadas más recientes el necesario autoejercicio de adaptación a las condiciones evolutivas del proceso nacional, lo que ha permitido que muchas formas del pasado sigan tratando de imponerse en el presente, con el efecto de una opacidad creciente y un desafinamiento progresivo. A estas alturas, se impone el imperativo de replantearse los respectivos idearios y de remodelar las estructuras internas. Lejos de eso, lo que se ve prosperar y florecer es la retórica que no lleva a ninguna parte y que convence cada vez menos. No es casual, entonces, que la ciudadanía esté básicamente descontenta con los procederes partidarios, lo cual podría derivar en algo muy peligroso: que el disgusto conduzca a las apuestas electorales aventuradas.

El estar en campaña electoral de tan amplios alcances como la que hoy se escenifica en el ambiente les pone a los partidos una oportunidad muy visible para emprender sus reciclajes ya impostergables. Habría, desde luego, que avanzar con cautela estratégica para evitar improvisaciones que podrían hacer que los remedios fueran peores que los males; pero lo que no puede esperar es el inicio de las labores reconstructivas, tanto en lo teórico como en lo práctico. Los partidos tienen que decidirse de una vez por todas a superar sus desajustes y sus insuficiencias, para entrar de lleno en la fase de reconexión con el sentir y el pensar de la ciudadanía, que es a quien en definitiva se deben como expresión de la esencia democrática en vivo.
 

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