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La tercera edad de la pobreza

Es domingo y he acompañado a los voluntarios de Habilitación Social de Techo a su visita semanal a una comunidad en Tepecoyo.
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Mientras los vecinos están recibiendo una capacitación de oficios en panadería nos ha llegado una visita, la niña Juanita, una adulta mayor. No nos conocíamos antes, pero tan pronto nos presentaron ella no tiene ningún problema en sentarse a platicar conmigo, de hecho tiene mucho que contar y yo muchísimo que aprender.

La tarde está despejada y fresca, desde la pendiente en la que está ubicada la comunidad se puede ver todo el valle entre La Libertad y Sonsonate. La claridad del paisaje contrasta con la precariedad que la niña Juanita me enseña en su casa, láminas roídas, madera podrida, carpetas de plástico reciclado y otros desperdicios. “¿Vive usted sola?” le pregunté, “sola no, vivo con Dios”, contesta muy segura mientras me muestra el escapulario café oscuro que lleva en el cuello.

Le pregunté a la niña Juanita de qué trabajó toda su vida. Es originaria de oriente, emigró hacia San Salvador cuando era joven para buscar trabajo y enviar dinero a su mamá para la educación y la alimentación de su única hija. Durante más de 30 años fue empleada de servicios domésticos, se levantaba siempre en la madrugada, lavaba y planchaba la ropa, hacía la limpieza, preparaba la comida y se iba a dormir hasta muy tarde. Me cuenta que en una casa la dieta diaria eran solo frijoles y tortillas, en otra casa fue testigo de alcoholismo y maltrato familiar, ella misma fue víctima de acoso sexual del patrón, por eso renunció sin decir nada a nadie.

A esta altura de la plática he perdido por completo la atención del paisaje y de la capacitación en panadería. La mujer que me habla ha trabajado incansablemente durante más de 50 años, sus palabras me describen su fortaleza física y espiritual. Sin embargo, hoy no tiene derecho a un retiro digno. Su historia es la de una injusticia que se repite en muchos rostros salvadoreños.

¿Qué estaba mal en el liderazgo político y social de El Salvador hace 30 años que no se generaron las condiciones para que ella tenga un retiro digno hoy?

Si bien es cierto que la pensión universal de $50 promovida por el Gobierno atiende casos de adultos mayores en situación de pobreza, es obvio que estos son paliativos insuficientes y no soluciones sostenibles que garanticen una calidad de vida digna en la vejez.

Mientras el debate sobre la pobreza es instrumentalizado para la confrontación política, no se asume el liderazgo para discutir en serio sobre una reforma previsional. Miles de salvadoreños, agricultores, empleadas de servicios domésticos, encargados de servicios varios, vendedores informales continúan hoy trabajando sin que se les ofrezcan las oportunidades para ahorrar pensando en su vejez. Muy pocos están comprometidos en generar las condiciones adecuadas para que estos sectores de trabajadores ingresen al sistema de cotizaciones de ISSS y AFP. Eso significa que en el mediano y en el largo plazo vamos a seguir presenciando historias de injusticia como las de la niña Juanita. Significa también que hoy no estamos promoviendo las políticas públicas adecuadas para superar la pobreza en El Salvador en un plazo de 30 años.

Tags:

  • Tercera edad
  • pobreza
  • adulta mayor

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