La tiranía del Legislativo

Si algo tenemos los salvadoreños es esa tendencia a lo superlativo, más cuando se trata de coyunturas negativas como la que estamos viviendo: el infame enfrentamiento de poderes, no del Estado, sino de oscuros poderes con intereses de toda índole menos los del pueblo.
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La tiranía del Legislativo

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<br /><p> Se escuchan lamentos de Estado fallido, de Estado confederado cuya soberanía reside en Managua (ese dechado de virtudes “democráticas”, golpe de Estado, totalitarismo, etc.) Claro, es desconcertante ver que el garante de nuestra Constitución es un sindicato; escuchar declaraciones de los nuevos expertos constitucionales, “bachis” en su mayoría. Es para pararle el pelo a cualquiera.</p><p>Sin embargo, no hay motivo de desesperanza, nada de esto es nuevo, es parte del proceso evolutivo de la democracia: proceso con dolor de parto, de crecimiento y continuo aprendizaje, dado a enfermedades tales como un ente biológico: parásitos, virus oportunistas, perseverantes tumores…</p><p> Como muestra, tomemos un pequeño recorrido por los tiempos de Thomas Jefferson, padre fundador del democrático país Estados Unidos, autor de la Declaración de Independencia, legislador y presidente de esa gran nación (1801-1809): “El Poder Ejecutivo en nuestro gobierno no es el único, quizás ni siquiera el principal objeto de mi preocupación. La tiranía del Legislativo es en realidad el peligro que más se debe temer, y será así por muchos años”. Nuestros legisladores no están lo suficientemente informados de los límites legales de su poder; que su verdadero propósito es declarar y hacer cumplir solo nuestros derechos naturales y deberes, y no despojarnos de ninguno de ellos. </p><p>En respuesta a estos temores, tanto de Jefferson como de muchos otros prominentes pensadores de la época, entre ellos James Madison, se realizan las 10 primeras enmiendas a la Constitución Americana, conocidas como La Carta de Derechos (Bill Of Rights), que es ratificada en 1791.</p><p>Esta provee limitaciones que protegen los derechos naturales de libertad y propiedad, garantiza varias libertades personales, y limita el Poder Judicial del Gobierno.</p><p> Como respeto a la Constitución, toda propuesta de ley debe de llevar consigo el pasaje constitucional que específicamente faculta dicha propuesta ¡no hay facultad implícita! Pues bien, mi estimado lector, este caos que estamos sufriendo no es nuevo, no es invención nuestra, es parte de un proceso que debe de ser vigilado constantemente por el pueblo, por el pueblo organizado.</p><p> El destino de nuestro querido El Salvador, el legado a nuestros hijos, es demasiado importante para dejárselo a los políticos, o a los aprendices de tiranos o a los mercaderes de cuotas de poder. Recuerde, si algo comprobó la alternancia es que no hay derecha, no hay izquierda, solo hay políticos, nadie va a proteger sus intereses más que usted mismo. </p><p>Veamos qué dice Jefferson: “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”; “qué país puede conservar su libertad si sus gobernantes no son advertidos de vez en cuando que el pueblo mantiene vivo ese espíritu de resistencia”; “los tímidos prefieren la calma del despotismo al tempestuoso mar de la libertad”.</p><p> Este no es tiempo de ser tímidos, de ser parte de esa silenciosa mayoría que con su silencio otorga. La libertad es un bien que se gana, mantenerlo es de lucha constante, siempre sobran aquellos que por beneficio propio tratan de usurpar los derechos de la mayoría; aquellos que usan el miedo como arma de represión, miedo a la violencia, a la venganza, a la marginación, al atropello.</p><p> “Cuando el pueblo teme a sus gobernantes, hay tiranía; cuando el Gobierno teme a su pueblo, hay libertad”, dijo T. Jefferson. Demostremos que aquí hay libertad y de la buena. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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