La tragedia salvadoreña y el arte de la posguerra

… La esperanza hecha realidad llegará un día a nuestro sufrido pueblo.
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La semana pasada se conmemoraron 24 años de los Acuerdos de Paz, días después de cerrar el año con 6,670 homicidios, 104.2 por cien mil habitantes, el mayor índice mundial de homicidios del mundo que supera 10 veces el índice considerado de epidemia por la Organización Mundial de la Salud, y 16 veces el promedio mundial. Esta cifra también iguala o supera los promedios de la época de mayor violencia y número de víctimas del conflicto, quedando casi todos en la impunidad. Y esta cifra también sintetiza buena parte del fracaso de la posguerra, expresada también por el alma, la imaginación y la creación de los artistas de este cuarto siglo de posguerra. “Horror Vacui. Arte de la posguerra” fue el título de la exposición colectiva de destacados artistas salvadoreños, otra manera de conmemorar los Acuerdos de una Paz que cada vez más el pueblo vive y siente fallida.

En la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué que dirige la excelente pintora Mayra Barraza, la Secretaría de Cultura de la Presidencia presentó la exposición colectiva de artes visuales que dibuja un panorama desde la firma de los Acuerdos de Paz hasta el presente, tomando como referente la obra de 7 destacados artistas: Óscar Soles, Luis Lazo, Dagoberto Nolasco, Negra Álvarez, Romeo Galdámez, Mauricio Mejía y Antonio Bonilla. Esta inédita selección de dibujos, pinturas y esculturas creadas entre 1992 y 2015 lleva por nombre “Horror Vacui”, tomando su título del barroco hispanoamericano que significa “horror al vacío”. La investigación y texto estuvo a cargo de Astrid Bahamond y la curaduría, de Mayra Barraza.

Astrid Bahamond: “La producción de imágenes forma parte de un sistema de lenguaje que expresa el conocimiento de un determinado modelo de sociedad. La obra de arte es como un presente del pasado, un signo comunicante de una concepción del universo. Esta nace en un contexto histórico, tiene un origen, un autor, una finalidad, unos destinatarios y unos condicionantes económicos, ideológicos, sociales y poéticos... la tradición del sincretismo en nuestra identidad se verifica en nuestro temperamento, manera de pensar y comunicar: el adolecer de vacíos espirituales y existenciales que se evidencian en nuestra fragilidad, nos permite, por tanto, temer inconscientemente ese vacío y lo llenamos con manieristas manifestaciones... el fin barroco de dejar plasmadas una cosmogonía y una misión: concretar reiteradamente su tiempo en términos visuales. La selección de obras creadas desde 1991 al presente, por artistas de larga trayectoria, es idónea para este fin: nos revelarán el paso histórico de nuestro tiempo”.

En el análisis y la reflexión de la curaduría de Mayra Barraza, “cuatro áreas de interés y reflexión destacan en esta obra sobre la posguerra: 1. El fenómeno de la violencia de sangre y zozobras acrecentándose incontrolablemente a lo largo de los años... El resultado han sido entropías individuales, donde el individuo colapsa internamente asumiendo el caos, dolor y angustia. Los procesos históricos desde la conquista española y la colonia, hasta la guerra de los años ochenta, nos han heredado múltiples fracturas; sumado a la vulnerabilidad del territorio y la precariedad estructural... 2. Identidades híbridas: Los Acuerdos de Paz marcaron un punto de inflexión para reconocernos como nación desde múltiples identidades anteriormente excluidas: pueblos indígenas, mujeres, personas con discapacidad, sexualidades alternas, entre otros. Curiosamente, son las identidades políticas las que persisten en su arraigo y polarización. La migración de población salvadoreña y el retorno de la misma, en segunda y tercera generación de migrantes; sumado al bombardeo cultural de las grandes potencias económicas, así como a nuestra ubicación geográfica como corredor comercial y cultural, nos han transformado en un país transnacional de identidades híbridas y en constante evolución. 3. Amparo Religioso. La popularidad de diferentes denominaciones cristianas, en un país que lleva por nombre El Salvador, ha cobrado relevancia sin precedentes. De manera acentuada posterior a catástrofes naturales y tragedias humanas..., la religión se ha convertido en territorio fértil en la búsqueda por interpretar la realidad y trascender la muerte. El rol decisivo de la Teología de la Liberación y el liderazgo espiritual de Monseñor Romero durante la guerra, recientemente reivindicados, mantienen vigentes la opción por los pobres ejerciendo un valioso contrapeso al fanatismo religioso. 4. Nuevos Horizontes. ¿Qué nos espera en el futuro inmediato? La inseguridad exacerbada, la polarización política, los nuevos paradigmas culturales impuestos por grupos ilegales armados vinculados al crimen organizado conocidos como “maras”, y la consecuente fuga de capital humano... ¿Qué puntos de referencia podemos extraer de las obras de estos siete artistas vinculados entrañablemente con su realidad? Los nuevos horizontes se encuentran en permanente construcción, transitan por la reapropiación del territorio –física y conceptual–, y se dibujan en el encuentro con el otro en una mirada equivalente, llena de respeto y esperanza”.

Poco después de los Acuerdos de Paz, mi esposa y yo adquirimos un bello cuadro del pintor y amigo Óscar Soles, una de las obras de esta exposición. Se llama “Esperanzas de Paz”, donde las esperanzas son más fuertes que el horror, llenando y superando el vacío. Sí, compatriotas, con el impulso de nuevos horizontes en gestación, con la lucha eterna del pueblo que se resiste a la tragedia y la fatalidad eterna, la esperanza hecha realidad llegará un día a nuestro sufrido pueblo.

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