La transparencia desde el aula de clase

Cada maestro salvadoreño tiene, ahora que se recién inician las clases en todo el país, la gran oportunidad de aportar a la construcción de la democracia escolar al dar a conocer y cumplir ante sus estudiantes el sistema de evaluación en la asignatura que imparte y, además, contribuir con ello a la formación de ciudadanos más honestos.
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Una cuestión aparentemente sencilla; sin embargo, tener claridad de los aspectos que se van a evaluar en el desarrollo de una asignatura significa que antes ha habido planificación de todo el proceso de parte del docente.

Explicar ante los estudiantes la ponderación que se le dará a cada trabajo en grupo, a cada aporte individual, examen escrito o trabajo de investigación, significa, ni más ni menos, que transparentar la calidad del servicio que se brinda.

Y no tanto por la validez o no validez que pueda tener un 10 o un 5 colocado al esfuerzo del estudiante, sino por el ejercicio democrático que se genera al compartir el plan evaluativo.

Las calificaciones no pueden convertirse en un mecanismo para amenazar o para castigar a los estudiantes. Tampoco debe ser un recurso para pagar favores recibidos. Ni mucho menos debe darse al capricho del docente. Todo esto genera ambientes de habladurías, resentimientos y actitudes hipócritas que poco ayudan a formar el ciudadano que anhelamos.

Ejercer permanentemente una relación transparente en el aula con los estudiantes conlleva, como consecuencia futura, la búsqueda de relaciones sanas en la escuela y en la comunidad por parte de los futuros ciudadanos.

Buena falta hace en nuestros tiempos ciudadanos transparentes, no solo en el caso de los que llegan a ocupar cargos públicos, sino también en el hogar, en el comercio, en la empresa y, por supuesto, en la escuela. Por ahí se empieza, por la escuela.

Aunque lleve tiempo, pero hay que comenzar por algo y, en el caso de los docentes realizar ese pequeño gesto en el aula puede marcar la diferencia en los egresados de las instituciones educativas.

Se conoce, a través de diversas fuentes del Ministerio de Educación, que se está trabajando en la creación de un Sistema Nacional de Evaluación que incluye la evaluación de la gestión institucional, de los ambientes escolares, de los aprendizajes, del desempeño docente, del currículo, de la formación inicial de maestros, de la gestión escolar y de las direcciones departamentales e incluso la evaluación institucional del mismo Ministerio de Educación; pero mientras eso se hace realidad, la acción de calificar, bien o mal, a los estudiantes se repite día a día en las aulas.

Este paso puede ser trascendental en la relación que día a día se da en el aula entre maestros y alumnos. Si el plan de notas no solo se presenta sino, además, se conversa con los estudiantes e incluso, se hacen cambios a partir de sus puntos de vista, entonces, la relación de poder que se da entre los dos protagonistas del hecho pedagógico se volverá más fluida, más natural, más transparente.

Las exigencias del nuevo profesional de la educación demandan no solo una escuela abierta, sino también un docente que se presente ante los estudiantes con todas las cartas sobre la mesa y especialmente las referidas a la evaluación del aprendizaje.

Tags:

  • maestros
  • educacion
  • democracia escolar
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