La transparencia en el desempeño de los partidos es clave para que ganen credibilidad

Una de las mejores formas de preservar dicho sistema es la potenciación de la transparencia, que no sólo evidencia abusos y malas prácticas cuando se dan, sino que disuade de seguir cometiéndolos.
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La transparencia en el desempeño de los partidos es clave para que ganen credibilidad

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Por tradición muy negativa, el desempeño de la política en nuestro país se ha caracterizado por la opacidad y por el ocultamiento, lo cual hizo que en el pasado todo lo referente al accionar político estuviera en la sombra, a merced de intereses de sector y de grupo. Cuando la democracia se hizo presente allá a comienzos de la década de los ochenta del siglo anterior, la tarea evolutiva reavivó su marcha con grandes dificultades y con incontables obstáculos. La solución política de la guerra vino a ser un factor decisivo para acelerar el proceso democratizador, pero las resistencias al cambio real no cesaron por ello, y aún están presentes en muchos sentidos y formas, aunque se hallan cada vez más expuestas a la vista ciudadana y al creciente fortalecimiento de la legalidad. Esto es hoy constatable en las realidades del día a día.

Contamos con un sistema de partidos políticos todavía muy imperfecto, pero que ha logrado sostenerse en el tiempo como nunca antes en nuestro devenir histórico. Esto es una ganancia estructural de primer orden que merece ser reconocida y salvaguardada en beneficio de la salud del sistema de libertades que es vital para la democracia en acción. Una de las mejores formas de preservar dicho sistema es la potenciación de la transparencia, que no sólo evidencia abusos y malas prácticas cuando se dan, sino que disuade de seguir cometiéndolos.

En esa línea, el transparentar las fuentes de financiamiento de los partidos políticos es un elemento de alta significación para el saneamiento de la gestión política en todos los órdenes. Por apego a vicios de larga tradición, los partidos se han venido resistiendo por todos los medios posibles a dar a conocer a sus financistas, y eso contribuye a mantener el desempeño partidario y también la gestión pública a merced de intereses que pueden ser tortuosos y aun delictivos, sobre todo en esta época en que las variadas sofisticaciones del crimen organizado están sobrepasando todos los límites.

El tema llegó a conocimiento de la Sala de lo Constitucional, que estableció la obligación de que los partidos dieran a conocer sus fuentes de financiamiento con nombre y apellido, y le puso plazo a la reforma legal correspondiente. Ante ese mandato insoslayable, se ha reformado la Ley de Partidos Políticos para legalizar dicha obligación. Y si bien la reforma no es total, porque sólo se establece la obligación de publicidad a partir de ciertos montos, constituye un avance en la línea de transparentar el origen de los fondos recibidos tanto de las personas individuales como de las personas jurídicas y las empresas. Así se podrá ir identificando con mayor posibilidad de certeza los nexos entre el financiamiento y el accionar partidario e institucional. Esto tiene que contribuir al saneamiento de la gestión tanto política como gubernamental.

Desde luego, el imperativo de transparencia no se agota en el tema financiero: tiene que ser puesto en práctica en todas las expresiones del quehacer político, partidarias y extrapartidarias. El sano desenvolvimiento del sistema exige que nada quede oculto ni bajo sombras de sospecha. Esto es crucial para que la ciudadanía y sus organizaciones e instituciones puedan entrar de veras en fase de confianza avalada por los hechos.

Hacemos votos por la satisfactoria evolución de los distintos procesos en marcha, y para eso hay que clarificar todas las acciones y todas las proyecciones.

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