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La transparencia va ganando espacios por la misma dinámica del proceso

Estamos viendo emerger el poder ciudadano frenteal poder político. Esta es una experiencia que apenas se inicia, y que traerá sin duda grandes novedades a todo el quehacer nacional.
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<p>&nbsp;</p><p>Nuestra evolución democrática es aún muy reciente para esperar que todos los vicios acumulados en el pasado estén desactivados en la actualidad. Sin embargo, lo primero que hoy aparece como diferente en relación con lo que ocurría en aquellos entonces, aún no muy lejanos, es que se han venido encendiendo diversos reflectores sobre la actividad política y gubernamental, de tal modo que lo que antes estaba envuelto en una densa penumbra de disimulo y de impunidad ahora se halla prácticamente a la vista. Este es un avance democratizador de la más significativa importancia, porque si algo contribuye a desnudar vicios y a poner en evidencia abusos y malos manejos es que las linternas fiscalizadoras hagan llegar sus focos a todos los rincones. </p><p>Las mediciones constantes, desde organizaciones de la sociedad civil y desde los seguimientos que van haciendo los mismos ciudadanos por medio de los recursos de comunicación tecnológica que son ahora tan accesibles, no sólo hacen posible que se tengan datos cada vez más fidedignos sobre el comportamiento de los distintos funcionarios del ámbito público, sino que permiten evaluar de manera constante el desempeño de los entes institucionales. Así se puede ir evaluando la dinámica de nuestro proceso democratizador, en sus distintas expresiones: lo político, lo económico y lo social; todo ello con el fin de saber qué es lo que requiere correcciones, qué es lo que demanda impulsos y qué es lo que exige más combustible creativo.</p><p> La instauración de la transparencia como ejercicio normal de todos los comportamientos, sean públicos o privados, es tarea complicada y de largo aliento, sobre todo en sociedades como la nuestra, en las que ha arraigado tan fuertemente la “cultura” del ocultamiento y de la impunidad. En verdad, es el poder el que debe cambiar para que la transparencia gane terreno. Lo vemos en el día a día. Las limitaciones del Tribunal de Ética Gubernamental y las piedras en el camino de la Ley de Acceso a la Información Pública lo comprueban fehacientemente. Por otra parte, siempre hay amenazas y atentados contra la transparencia, que se dan de manera sesgada pero no por eso menos perjudicial, como por ejemplo la tendencia que se está viendo en estos días a sustituir la participación directa del sector privado organizado en las directivas de importantes entes públicos por la designación gubernamental de presuntos representantes de dicho sector. Estas son señales de retroceso, porque implican cerrarle espacios al control independiente dentro de la institucionalidad estatal, expuesta siempre a la arbitrariedad del poder. </p><p> Sin embargo, la gran ventaja que al respecto traen los tiempos que corren es que ya prácticamente nada pasa inadvertido a los ojos de la contraloría ciudadana, que crece en la medida que aumenta la conciencia de participación y que la comunicación social se expande con vigorosa aceleración a través de los novedosos recursos tecnológicos. Según hemos visto en experiencias recientes como la del llamado “conflicto de poderes”, es el intenso impulso ciudadano el que más le ha servido a la transparencia. </p><p> Estamos viendo emerger el poder ciudadano frente al poder político. Esta es una experiencia que apenas se inicia, y que traerá sin duda grandes novedades a todo el quehacer nacional. Nuestro proceso democrático avanza, pese a los obstáculos que se le ponen en el camino, y ese es el mejor estímulo para seguir adelante, en pro de la normalidad democrática y del desarrollo pleno. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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