La “tregua” entre las pandillas que tanto se publicitó en 2012 está ya bajo el foco de la justicia

La llamada “tregua” no duró mucho, porque en realidad era un artificio en doble sentido: búsqueda de beneficios de imagen en el lado gubernamental y logro de ventajas carcelarias así como de mayores márgenes de acción en el lado pandillero.
Enlace copiado
Enlace copiado
A comienzos del 2012 se dio a conocer que las principales pandillas habían acordado una “tregua” para ya no seguir eliminándose entre sí, y de inmediato comenzó a manifestarse una baja significativa en el número de homicidios que ocurrían en el ambiente. Desde un comienzo, el manejo de dicha situación estuvo plagado de vaguedades y de sospechas, para comenzar porque nunca se esclareció cuál era el rol que las autoridades gubernamentales estaban jugando en el asunto. Lo que sí se notó desde el inicio fue el aprovechamiento propagandístico que el Gobierno de entonces hizo de la baja de homicidios, presentándola como una muestra de que el fenómeno avasallador de la violencia iba en plan de declive.

La llamada “tregua” no duró mucho, porque en realidad era un artificio en doble sentido: búsqueda de beneficios de imagen en el lado gubernamental y logro de ventajas carcelarias así como de mayores márgenes de acción en el lado pandillero. Pero siempre quedó circulando la idea de crear entendimientos con los grupos delincuenciales para tratar de frenar la ola del crimen. Frente a tal idea han ido creciendo las opiniones y las posiciones contrarias, porque los hechos dejan cada vez más claro que el propósito de la criminalidad organizada es tomar el control definitivo de la realidad nacional, por encima de la legalidad y de sus reglas.

El desborde de la violencia ha ido llevando, por su parte, a que la autoridad tenga que responder con creciente rigor, como se ha visto en los últimos tiempos, ya en plan de estrategia de carácter extraordinario. De no tomarse esa ruta urgente, la institucionalidad estaría en verdadero peligro de llegar al colapso funcional, con todos los efectos desestructuradores que eso acarrearía. Y también la misma gravedad de la situación que se vive en la cotidianidad de los hechos está haciendo que las instituciones encargadas más directamente de garantizar la seguridad y el imperio de la ley en el terreno vayan asumiendo su labor con mayor compromiso y decisión.

Dentro de esta línea, la Fiscalía General de la República está actuando para que iniciativas y acciones que habían quedado en la sombra como la susodicha “tregua” vayan saliendo a la luz de la investigación y de la persecución en el plano de la justicia. En esa línea, la Fiscalía ordenó ya la captura de 21 implicados en el caso de la “tregua”, entre los que hay exfuncionarios, mandos policiales y un mediador.

Algunos de los delitos imputados son agrupaciones ilícitas, falsedad de documentos, actos arbitrarios e incumplimiento de deberes. Y se empiezan a conocer con más detalle los “beneficios” que los pandilleros más influyentes gozaron en los reclusorios. Este, sin duda, es el primer escalón en la cadena investigativa, porque resulta cada vez más evidente que nada lo que pasó pudo haber ocurrido sin la anuencia y la autorización de los que decidían en el nivel superior.

Quizás lo más importante en plan proyectivo sea que actividades tan perniciosas para el sano desempeño de la institucionalidad como es estar entendiéndose con los que actúan contra la ley ya no podrán hacerse valer como iniciativas legítimas bajo ningún pretexto. Sentar precedentes es determinante para que la normalidad pueda recuperar terreno perdido y alentar comportamientos legítimos.

Tags:

  • tregua
  • pandillas
  • homicidios
  • fgr
  • tregua-pandillas

Lee también

Comentarios

Newsletter