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La tregua entre pandillas

¿Pecamos de inocentes los que creemos que hay que contribuir a darle sostenibilidad a la tregua?
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La tregua entre las principales pandillas ha generado mucha polémica y suscitado muchas dudas. Según una reciente encuesta de LPG Datos, alrededor de un 55 % de la población no la ve con buenos ojos. No es de extrañar. No es fácil pedirle a la gente que ha sufrido extorsiones o acciones criminales de pandillas que se les trate a estas de otra manera que no sea la represión. Para estos espíritus dolidos es difícil comprender los esfuerzos por humanizar y mermar el dolor de las cárceles. No es fácil para muchos ciudadanos creer en la repentina reconversión al bien cuando se ha ejercido tanto mal. Cuesta aceptar que los pandilleros tengan que ser tratados de manera diferente de otros jóvenes marginados, cuya pobreza y falta de oportunidades no los ha llevado a delinquir. Es comprensible que surjan algunas versiones malévolas o conspirativas en torno a su gestación, cuando ha habido falta de transparencia y/o torpeza comunicacional; como son comprensibles las dudas ciudadanas ante las contradictorias y confusas declaraciones originales del gobierno sobre la tregua. Más aún, no es fácil vencer las resistencias que produce la envidia de no haber sido protagonista de la misma.

¿Por qué entonces tener una perspectiva positiva de la misma?, ¿por qué creer que estamos frente a una oportunidad histórica?, ¿por qué apoyar iniciativas como la Comisión Humanitaria?, ¿pecamos de inocentes los que creemos que hay que contribuir a darle sostenibilidad a la tregua?

La disminución sensible de los homicidios ocurridos en el año de la tregua es una buena y sólida razón. Pero no es la única.

Por un lado, se estima que puede haber más de 60 o 70 mil miembros de pandillas, es decir, posiblemente más que toda la PNC, el Ejército y la seguridad privada junta. Añadamos que se trata de una red social que incorpora familias y colaboradores, y tendremos una red social con amplia implantación territorial de algunas centenas de miles de personas. Una red con sentido de identidad y pertenencia, algo de lo que por cierto carece la seguridad pública y privada. ¿Vamos a poder enfrentar este insólito fenómeno solo con represión o con tibias y dispersas medidas de prevención? Ya lo hemos intentado con las manos duras y superduras, y lo que logramos es avivar el fuego con fuego.

Por otro lado, ante el fracaso de esas estrategias represivas, a finales del año antepasado surgió en algunas esferas la tentación de impulsar una política de exterminio de los liderazgos pandilleros dentro y fuera de las cárceles. Conocedores de esta posibilidad, la reacción de las pandillas no se hizo esperar. ¿Se acuerdan del comunicado público de la llamada “Ranfla Nacional” aparecido a principios del año pasado llamando a sus “bases” a prepararse, y amenazando atacar a altos funcionarios y empresarios? Se anunciaba un cruento e indeseable enfrentamiento, cuyos primeros síntomas fueron los aparecimientos de cadáveres cortados en bolsas plásticas, así como soldados y policías asesinados. ¿Se acuerdan? En este contexto se incubó y cristalizó la tregua, y felizmente con ello, la contención de un sangriento, extenso e intenso enfrentamiento.

¿Había alternativa a esa posible guerra fratricida? Mientras nadie muestre otra alternativa mejor, la tregua sigue siendo una oportunidad histórica. Y no solo para ir poco a poco dando fin a esta locura homicida que invade nuestro cuerpo social, sino además para sentar bases para diseñar el país de otra manera. Por ejemplo, una respuesta amplia y contundente de generación de empleo a jóvenes en riesgo y pandilleros puede convertirse en una oportunidad de contribuir a dinamizar nuestra alicaída economía, en una oportunidad para canalizar esa productiva energía juvenil hacia el bien y no hacia el mal. Solo así también irán poco a poco disminuyendo las extorsiones.

En fin, se trata de dar respuesta, no a las pandillas como tales sino a lo que hay detrás de sus planteamientos: la sociedad que hemos parido los ha marginado, y si esa sociedad que hasta ahora les ha fallado les ofrece oportunidades, están dispuestos a aprovecharlas. Se trata de que ambos, sociedad y pandilleros, dispongan ahora la oportunidad de reivindicarse.

Tags:

  • otra manera
  • esfuerzos humanos
  • oportunidades

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