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La única vía segura para mejorar la condición de vida de la población y para garantizar la estabilidad financiera es el crecimiento económico

No olvidemos que hay una gran cantidad de salvadoreños que se dedican a la actividad informal, lo que no sólo estimula la inestabilidad y la inseguridad en el ámbito personal sino que limita las fuentes tributarias que son la base del financiamiento público.
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Según los datos resultantes de la más reciente Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), las filas de la pobreza se incrementaron significativamente en 2015 en relación con 2014. 244,064 personas se sumaron al cúmulo de pobres; y ahora habrá que esperar las cifras que se darán a conocer en 2017, cuando se active la medición multidimensional. No basta con tener como parámetro el costo de la canasta básica, porque evidentemente hay muchos otros elementos y factores que determinan la suerte económica de una persona y de un hogar.

Y como todo lo que ocurre en el ambiente va intercomunicado, porque las causas tienen raíces comunes, también el empleo se ve afectado, y no es casual que haya un aumento del desempleo y una expansión del trabajo precario. No olvidemos que hay una gran cantidad de salvadoreños que se dedican a la actividad informal, lo que no sólo estimula la inestabilidad y la inseguridad en el ámbito personal sino que limita las fuentes tributarias que son la base del financiamiento público. En otras palabras, toda esta problemática, que se ha venido enredando cada vez más a lo largo del tiempo, mantiene la situación del país en estado crónicamente precario, bajo constante riesgo de crisis en diversas áreas del acontecer nacional.

Como se sabe desde siempre, aunque haya tantas resistencias para reconocerlo en su verdadera dimensión, no hay posibilidad ninguna de salir adelante con garantía de éxito sostenido si el crecimiento económico persiste en la modorra que viene siendo usual desde hace mucho tiempo en nuestro ambiente. Para revitalizar las dinámicas de desarrollo es indispensable comenzar por un diagnóstico completo de las posibilidades con que contamos y de las limitaciones que nos caracterizan. La realidad salvadoreña no puede continuar al vaivén de lo imprevisible, con la improvisación como instrumento básico de trabajo, como ha pasado hasta la fecha. En esa necesidad fundamental de ordenamiento y de proyección está el punto de arranque hacia un país distinto en todos los órdenes; y, en lo que toca al tema crucial del crecimiento, ya no hay cómo evadir el imperativo de contar con un plan de nación que trascienda todas las diferencias entre sectores y entre fuerzas.

Hay que salir cuanto antes de los viejos esquemas ideologizados y de los reduccionismos que se estancan en airear culpas en vez de dedicarse a posibilitar soluciones. Hay que actualizar el sistema de vida, no socavarlo. Ni el autoritarismo ni el populismo pueden salir de sus trampas conocidas. Hay que potenciar la democracia en su exacta dimensión participativa. Y, desde luego, en lo que al avance hacia el desarrollo se refiere, el desafío está en generar una nueva plataforma de oportunidades, que abarque todos los espacios nacionales y sea accesible para todos los salvadoreños, sin exclusiones por ningún motivo.

Tenemos que crecer más y mejor, y esa debería ser la consigna generalizada para ir superando de manera sistemática los trastornos y las insuficiencias actuales. En tanto el crecimiento no se active de veras, continuaremos saltando de crisis en crisis, hasta quedar exhaustos en la inoperancia y ver cómo la realidad nos va cerrando las puertas del progreso. Esto hay que evitarlo inteligentemente a toda costa.

Tags:

  • estabilidad
  • crecimiento economico
  • pobreza
  • canasta basica

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