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La unidad nacional, que siempre es básica para el buen desempeño, hoy se ha vuelto garantía de supervivencia

Lo cierto es que sólo una disciplina general bien enfocada y bien administrada puede establecer mecanismos de control.

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Los hechos que se van sucediendo con aceleración cotidiana en el marco de esta emergencia, que ha puesto al país en expectativa angustiosa en todos los sentidos, ha traído también importantes requisitos ineludibles de conducta que no se habían presentado con igual urgencia antes de que las múltiples amenazas de la pandemia actual se hicieran presentes como lo están haciendo en estos días. Esta situación a la vez inesperada e incontenible está estableciendo sin duda un parteaguas que nadie sospechó antes de que los hechos empezaran a producirse con las características que ahora son inocultables. En las primeras semanas de este 2020 se incubó y se desató el coronavirus, que ha venido desplegándose con gran impulsividad por diversas latitudes, y principalmente hasta ahora en las áreas de más desarrollo en el mundo, con una amenaza expansiva que nadie halla cómo detener.

En nuestro país, ya los casos de virus confirmados están en el ambiente, y van creciendo de manera progresiva, aumentándose así los temores de que esto pueda derivar en un contagio cada vez mayor. Y ante eso, lo único que hasta hoy ha tenido alguna funcionalidad de contención, o al menos de disminución de los casos que se suceden, es el aislamiento social en enlace con las adecuadas cuarentenas. Pero lo cierto es que sólo una disciplina general bien enfocada y bien administrada puede establecer mecanismos de control que no sólo sean formulaciones convincentes sino sobre todo prácticas con capacidad de dar resultados significativos.

Lo que también se expande como una plaga paralela es el deterioro de las condiciones económicas, tanto para las instituciones como para las organizaciones empresariales de todo nivel, para los negocios, especialmente los que se mueven en el plano informal, y desde luego para las personas y sus grupos familiares. En esa línea, como era absolutamente inevitable, se están moviendo ya iniciativas gubernamentales de amplia índole, que van surgiendo en forma por momentos atropellada por efecto de las mismas circunstancias y de las incertidumbres y ansiedades que son lo más prevaleciente. Y para nosotros, los salvadoreños, que nos hallamos nacionalmente en una coyuntura proclive a tantas confusiones y malentendidos, todo esto viene a ser un desafío verdaderamente riesgoso, que puede tener consecuencias de mucho impacto si no se maneja con la inteligencia oportuna que se requiere.

Así las cosas, lo que la naturaleza tan compleja y demandante del momento que se vive nos está exigiendo a todos es precisamente actuar como un todo, y no para hacer como si las diferencias no existieran entre sectores, entre organizaciones y entre liderazgos, sino para decidirse sin más tardanzas ni resquicios a manejar dichas diferencias con el adecuado sentido de responsabilidad, que es hoy más imperioso que nunca. Lo que eso significa es que la unidad debe prevalecer en todo momento y aun ante las decisiones de mayor complejidad, en las que siempre más afloran las diferencias de criterio y de perspectiva. No se trata, entonces, de armar una unidad formal, que se manifieste sin concretarse, sino de hacer que haya efectiva comunicación integradora de voluntades para perseguir fines concretos. Es decir, trabajar por el bien común, y más en tiempo de crisis tan aguda.

Los políticos en acción, que son los que más muestran sus diferencias por vías de alta conflictividad, deben ser los primeros en dar el ejemplo sostenido de la racionalidad que sabe responder a lo que los hechos reclaman.

Todo lo que hoy se vive está poniendo a prueba la funcionalidad del sistema y la capacidad de sus actores. Y a lo que hay que apostarle en conjunto es a que el país salga adelante, con los menores daños posibles en una normalización progresiva.

Tags:

  • unidad nacional
  • disciplina
  • aislamiento social
  • condiciones económicas

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