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La unidad opositora para terminar con la dictadura Ortega-Murillo

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M. Sc. Rufino Antonio Quezada Sánchez

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El 17 de enero de 2020 los sectores opositores al dictador Daniel Ortega anunciaron la creación de una Coalición Nacional como una alternativa para terminar con la tiranía que oprime al pueblo nicaragüense, los ejes de la unidad lo constituyen la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) y la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), los atributos característicos de la unidad es la presencia de amplios sectores democráticos que están contra la dictadura, entre ellos: estudiantes, obreros, campesinos, disidentes del sandinismo, partidos políticos y el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP).

La dictadura se niega a permitir elecciones libres, justas, transparentes y democráticas, en 2021, le apuesta a la imposición, fraude, continuidad y a la permanencia de Ortega en el poder hasta la muerte (hay un rumor, la salud del dictador se ha deteriorado en los últimos días). La represión no cesa, las protestas están prohibidas y son atacadas con violencia por las fuerzas policiales, turbas sandinistas o paramilitares, lo que evidencia una constante violación a los derechos humanos. En su estrategia criminal Ortega ha tratado de inducir a la oposición a enfrascarse en una espiral de violencia; sin embargo, las principales fuerzas de la oposición siguen creyendo en la opción democrática y electoral para la salida de la dictadura. No obstante, para llegar a un evento electoral con garantías para todos los participantes, es necesario una profunda reforma electoral que elimine el ventajismo a la dictadura Ortega-Murillo, para ello la lucha y unidad de las fuerzas opositoras debe continuar y además incrementar las sanciones de la comunidad internacional contra los jerarcas del orteguismo.

La dictadura está en su peor momento, el rechazo al sandinismo es abrumador, encontrándose un partido en ruinas y sin relevo generacional, donde todo gira alrededor del culto a la personalidad de Daniel Ortega, la tiranía en su afán por controlar todo el poder ha tratado de sustituir el sandinismo por un orteguismo sin fundamentos ideológicos, pero que le ha permitido el control total del Estado. Según el politólogo Andreas Schedler, "los dictadores nunca se sienten seguros en el poder, no pueden apoltronarse con tranquilidad porque saben que los regímenes que han levantado no tienen bases sólidas". Lo que atormenta al régimen Ortega-Murillo es la incertidumbre de la derrota electoral, la pérdida del poder y el cambio de sistema político, si las fuerzas opositoras en Nicaragua, con apoyo de las naciones democráticas, logran garantizar elecciones libres, justas, democráticas y transparentes, seguramente el orteguismo las perderá, ante semejante escenario la dictadura está cerrando todos los espacios, con el objetivo de evitar un triunfo electoral de la oposición.

La nomenclatura comunista de Ortega se ha pervertido por su arbitrariedad, corrupción, represión y por sus argumentaciones políticas y tergiversaciones de los hechos. El régimen ingresó en una etapa de debilidad y decadencia. La excomandante guerrillera sandinista e historiadora Dora María Tellez afirma: "El frente sandinista colapsó, ahora es la maquinaria política de una familia en el poder".

La rebelión de abril de 2018 se mantiene viva en la oposición nicaragüense, de modo que para avanzar en la parte sustancial del proyecto político unitario es importante fomentar la democracia interna, que debe ser coherente con los principios ideológicos de la organización en el camino de derrotar electoralmente la dictadura Ortega-Murillo.

Tags:

  • Daniel Ortega
  • dictadura
  • sandinismo
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