La universidad: lugar de estudio, amistad, pluralismo...

Me sorprendió la noticia de la negativa por parte de las autoridades universitarias a que estuvieran presentes los estudiantes en el día en que se realizó en el teatro de la Universidad Nacional del El Salvador (UES) una sesión solemne de la honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, mismo evento en que se les entregó el pergamino con la declaratoria de “Notable Institución de Educación Superior”, en el marco de los 175 años de su fundación.
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Al acto asistieron los diputados de las distintas bancadas legislativas, quienes reconocen, al igual que la mayoría de la población, el aporte de esa alma mater al desarrollo sostenible nacional a lo largo de su trayectoria educativa. Mi padre se graduó con honores de médico en los años en que era considerada la mejor universidad de América Latina. Creo que hubiera sido una buena oportunidad para los alumnos de mostrar a los invitados especiales que ellos tienen la capacidad de mostrar amistad, calidez humana, civismo y urbanidad a sus visitantes cuando están orgullosos de pertenecer a la universidad.

Siempre he creído que la universidad es el lugar ideal para aprender a enfrentar los retos del país y a conocer el sentido de la amistad, solidaridad y el pluralismo verdadero. Quizás por eso no he querido dejar de ser universitaria y continúo aprendiendo desde que me gradué con 25 años de la Universidad Dr. José Matías Delgado, tratando a lo largo de mi vida (55 años) de actualizarme con maestrías, diplomados y cursos en otras universidades locales o extranjeras, tratando de mantener una actitud de curiosidad y admiración por todo lo que acontece en el mundo y en nuestra amada patria. “La pasión por la verdad es radicalmente solidaria. La idea de que se pudiera avanzar en solitario hacia la posesión del conocimiento es una ficción ilustrada y un mito romántico. El verdadero saber se recibe de otros y se entrega a otros, se comparte en una comunidad viva que de continuo ensaya y rectifica, aplica e inventa, arriesga lo ya logrado para abrir una brecha hacia territorios aún por roturar. La Universidad es una escuela de solidaridad”. Alejandro Llano.

Ya lo decía antes un gran sabio de nuestro tiempo: “La Universidad es el lugar para prepararse a dar soluciones a esos problemas; es la casa común, lugar de estudio y de amistad; lugar donde deben convivir en paz personas de las diversas tendencias que, en cada momento, sean expresiones del legítimo pluralismo que en la sociedad existe”. Desde sus inicios hace siglos en Bolonia, Oxford, París o Salamanca, el concepto de universidad continúa vigente: ser una comunidad formada por maestros y escolares de procedencias geográficas muy diversas cuyo horizonte cultural tiene raíces profundamente cristianas, no necesariamente del país o ciudad en que se asienta. Leonardo Polo, filósofo moderno, solía decir que existe solo una universidad y que esta se realizaba en el espacio en los diversos lugares, sea San Salvador, Santa Tecla u otra nación.

A raíz del acontecimiento que narré arriba, me gustaría animar a una reflexión sobre lo que podría ser el papel de las universidades hoy en día: casa común de estudio y amistad; un lugar para prepararse con ansias de aprender; y sitio para aprender el amor a la libertad y al pluralismo, sin olvidar que Dios es la última fuente de conocimiento.

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