La verdad…

Aquí “la verdad” no es la adecuación de la cosa a la mente… tampoco la correspondencia –lógica u ontológica– entre lo que pensamos y sabemos en contraste con la realidad. La “verdad” que percibimos, leemos y escuchamos es realmente el reino de la mentira…
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1.–No sabemos la verdad sobre los asesinatos de Mons. Óscar Romero, del Dr. José Antonio Rodríguez Porth, de Roque Dalton, de Roberto Poma, Katya Miranda o de los padres jesuitas.

2.– No sabemos la verdad sobre el misterioso procedimiento de levantamiento de un accidente de un Ferrari en el redondel Masferrer.

3.– No sabemos la verdad sobre el uso y destinatarios del donativo del Gobierno de Taiwán al presidente Francisco Flores.

4.– No sabemos la verdad sobre los acuerdos de la “tregua” en donde se negociaron privilegios con los líderes de pandillas para bajar los homicidios, utilizando a tontos útiles para justificar este pacto perverso.

5.– No sabemos la verdad sobre cuantos títulos irregulares o falsos se emitieron entre 1980 y 1995, solo sabemos de 1,700 irregulares de abogados, pero nada se sabe de otras profesiones.

6.– No sabemos la verdad sobre el patrimonio de diputados, ministros, magistrados que se han enriquecido ilícitamente robando al erario público.

7.– No sabemos la verdad sobre si se robó o no en el caso Diego de Holguín, cuánto se robó, y si los nombres de los ministros de Obras Públicas de 2004 a 2009 tuvieron responsabilidad en el caso.

8.– No sabemos la verdad sobre los patéticos cambios patrimoniales de militares y guerrilleros, que hoy ostentan un nivel de vida holgado y que no corresponden a sus ingresos formales en la década de los 0chenta.

9.– No sabemos la verdad sobre la privatización de servicios públicos en los noventa (y los negocios derivados de ello), y la posibilidad de nacionalización de los mismos, debido a la crisis de las finanzas estatales.

10.– Finalmente, no sabemos la verdad sobre todos los que se han enriquecido y robado a costa de la gente pobre y excluida, haciendo negocios desde sus cargos públicos en licitaciones amañadas, haciendo uso del compadrazgo, clientelismo y nepotismo, o evadiendo impuestos y contrabandeando desde el sector privado.

Ante un sistema judicial corrupto e ineficiente, como que tendría mucho trabajo un fiscal de la República honesto y comprometido con la verdad…

Pero lo más dramático de no saber la verdad es que nos acostumbremos a vivir en la mentira y que por momentos confundamos o no logremos discernir entre lo bueno y lo malo; así, nuestro baremo ético se va deteriorando y se puede institucionalizar la mentira disfrazada de verdad.

Nos cuesta cada vez más creerles a los políticos de derecha o de izquierda, y lastimosamente en este entorno tan fanatizado e ideologizado sepultamos al “centro”. ¿A quién le cree usted hoy? Si hasta líderes religiosos de las iglesias católica y evangélica se han visto envueltos en escándalos de pederastas y violencia sexual.

En nuestro deterioro moral y ético aceptamos el concepto de “infidelidad responsable” de parte de un abogado de la República, y elevamos a la palestra pública de las redes sociales a la “niña Lilian” por una lépera insultada a un funcionario de gobierno –por cierto poco competente–.

Nuestra tarea inmediata es recuperar el culto a la “verdad” y no a la verdad de mis afirmaciones sino a la verdad de la realidad misma (Santiago Ramón y Cajal), la que dignifica y da confianza. Como afirmaba el poeta y pensador Ralph E. Emerson: “Toda violación a la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, es una puñalada en la salud de la sociedad”.

Tags:

  • verdad. moral
  • etica
  • ideologizacion

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