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Opinión | La verdad y la mentira

...Pero poco a poco, por tanto repetir la misma estratagema, la gente irá despertando del embrujo y por eso, para los dirigentes del régimen es urgente hartarse del dinero del Estado, porque ese es, al fin y al cabo, su único objetivo.

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José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

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La verdad y la mentira

Con harta frecuencia la gente común tiende a confundir algunos conceptos como el de la verdad, con el de la popularidad; y a identificar a las mayorías de una población, con los depositarios de la realidad. La gente repite frases que por ser dichas muchas veces, terminan siendo creídas como ciertas, aun cuando no resistan la más elemental demostración de lógica; y así, por ejemplo, muchos comentan que la verdad es relativa y que existen por lo menos dos, "la tuya y la mía", como si hubiera dos realidades paralelas; y esas distorsiones son aprovechadas por los populistas, para enredar a las masas.

Las turbas suelen seguir a un líder que ya sea carismático o no, surge en los momentos de crisis, como cuando el péndulo de la historia se vuelca sobre la ausencia de fe, no solo en cuestiones religiosas, sino en un sistema que como el democrático, pretende empoderar a la mayoría, para que sea esta, a través de los partidos políticos, quien decida los destinos de un país; y por la incredulidad en las instituciones, el conglomerado en esos momentos tenderá a rechazarlos, aceptando la novedad como algo bueno; y si a ese conjunto se le pone un nombre innovador, como por ejemplo, "nuevas ideas", sin duda gran parte de la población creerá que estos son algo apetecible y que harán cosas buenas.

Así, si el partido de las ideas novedosas llega al poder, inmediatamente se entronará a sí mismo, como el único garante de lo correcto, intentando destruir al mejor estilo de Maquiavelo a todas las instituciones u organizaciones que se le opongan. Pero sus estrategas saben que tienen el tiempo contado, porque en cuanto desaparezca la oposición, cada vez con más fortaleza la gente que los votó irá exigiendo resultados; petición que al principio será aplacada a fuerza de ofrecimientos vanos (no interesa si se promete un nuevo aeropuerto o un superhospital o un tren ultrasónico; lo importante es decir algo para calmar los ánimos de la gente) pero poco a poco, por tanto repetir la misma estratagema, la gente irá despertando del embrujo y por eso, para los dirigentes del régimen es urgente hartarse del dinero del Estado, porque ese es, al fin y al cabo, su único objetivo.

Sobre el concepto de la verdad, es claro que esta es solo una y que es absoluta; acá nada tiene que ver los gustos personales o la expresión de todo el mundo; ni si una mayoría parlamentaria adopta una ley injusta, cobijados en que son los "representantes del Pueblo" pues como decía el padre Jorge Loring, "aunque una ley diera permiso para que los burros volaran, a los burros no les saldrían alas". Esa es la verdad, la que se establece independientemente del consenso, y que simplemente existe, aunque la generalidad de la población opine de otra forma. Cuando es de día, es de día, aunque todos digan lo contrario; y nunca el argumento podrá ser que el noventa y tanto por ciento de los votantes están de acuerdo con un dictador y que por eso lo que el tirano diga es lo correcto. Eso ya pasó con Hitler y con Mussolini; y de hecho, con la mayoría de los déspotas al principio de su mandato; pero ese mismo apoyo popular, frecuentemente se vuelca contra el opresor, cuando el pueblo descubre el engaño y entonces el autócrata debe esconderse, o como enseña la historia, terminará por ser desterrado o con un trágico final.

Las señales del principio del fin, en el reinado de un tirano, se anuncian cuando este comienza a bajar en la popularidad, y la población se manifiesta en las calles en su contra; y empieza a buscar aliados entre otros dictadores, haciendo viajes a Turquía o a sitios en donde no habita la libertad, acaso para endurecer su mandato por las armas o buscar alternativas para ocultarse, si las cosas salieran mal. Pero lo que siempre olvidan (que es al fin y al cabo la fuente de su perdición) es que la verdad es una luz que al final siempre brilla y que la tiniebla desaparece ante su presencia; y olvidan, sobre todo, que la mentira nunca vence, porque Dios acompaña a la justicia.

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