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La verdad...

Aquí “la verdad” no es la adecuación de la cosa a la mente...; tampoco es la correspondencia –lógica u ontológica– entre lo que pensamos y conocemos, en contraste con la realidad.
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La “verdad” que percibimos, leemos y escuchamos es realmente el reino de la mentira..., y este escenario perverso de impunidad –sociedad educadora– es el que manda un mensaje equivocado a nuestros niños y jóvenes.

1.- No sabemos la verdad sobre los asesinatos de Mons. Óscar Romero, del Dr. José Antonio Rodríguez Porth, de Roque Dalton, de Roberto Poma, Katya Miranda o de los padres jesuitas.

2.- No sabemos la verdad sobre el misterioso procedimiento de levantamiento de un accidente de un Ferrari en el redondel Masferrer; tampoco sabemos quién iba manejando la camioneta de Casa Presidencial que mató a un motociclista.

3.- No sabemos la verdad sobre el uso y destinatarios del donativo del Gobierno de Taiwán al presidente Francisco Flores.

4.- No sabemos la verdad sobre los acuerdos de la “Tregua” en donde se negociaron privilegios con los líderes de pandillas para bajar los homicidios, utilizando a tontos útiles para justificar este pacto perverso.

5.- No sabemos la verdad sobre cuántos títulos irregulares o falsos se emitieron entre 1980 y 1995; solo sabemos de 1,700 irregulares de abogados, pero nada se sabe de otras profesiones.

6.- No sabemos la verdad sobre el patrimonio de diputados, ministros, magistrados que se han enriquecido ilícitamente robando al erario público.

7.- No sabemos la verdad sobre si se robó o no en el caso Diego de Holguín, cuánto se robó, y si los nombres de los ministros de Obras Públicas tuvieron o no responsabilidad en el caso.

8.- No sabemos la verdad sobre los patéticos cambios patrimoniales de militares y guerrilleros, que hoy ostentan un nivel de vida holgado y que no corresponden a sus ingresos formales en la década de los ochenta.

9.- No sabemos la verdad sobre la privatización de servicios públicos en los noventa (y los negocios derivados de ello), y la posibilidad de nacionalización de los mismos, debido a la crisis de las finanzas estatales.

10.- Finalmente, no sabemos la verdad sobre todos los que se han enriquecido y robado a costa de la gente pobre y excluida, haciendo negocios desde sus cargos públicos en licitaciones amañadas, haciendo uso del compadrazgo, clientelismo y nepotismo, o evadiendo impuestos y contrabandeando desde el sector privado.

Ante un sistema judicial corrupto e ineficiente, como que tendría mucho trabajo un fiscal de la República honesto y comprometido con la verdad...

Pero lo más dramático de no saber la verdad es que nos acostumbremos a vivir en la mentira, y que por momentos confundamos o no logremos discernir entre lo bueno y lo malo; así, nuestro baremo ético se va deteriorando y se puede institucionalizar la mentira disfrazada de verdad.

Nos cuesta cada vez más creerles a los políticos de derecha o de izquierda, y lastimosamente en este entorno tan fanatizado e ideologizado sepultamos al “centro”. ¿A quién le cree usted hoy? Si hasta líderes religiosos de las iglesias católica y evangélica se han visto envueltos en escándalos de pederastas y violencia sexual. En nuestro deterioro moral y ético aceptamos el concepto de “infidelidad responsable” de parte de un abogado de la República.

Nuestra tarea inmediata es recuperar el culto a la “verdad”, y no a la verdad de mis afirmaciones, sino a la verdad de la realidad misma (Santiago Ramón y Cajal), la que dignifica y da confianza. Como afirmaba el poeta y pensador Ralph E. Emerson: “Toda violación a la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, es una puñalada en la salud de la sociedad”.

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