Lo más visto

Más de Opinión

La verdadera prevención de las actividades delincuenciales tiene que ser un programa integrado con la represión del crimen en todas sus expresiones

En esto, como en tantas otras áreas de la problemática más compleja que se vive, lo que persiste es la tendencia a la dispersión en clave improvisadora.
Enlace copiado
Enlace copiado
Es notorio, cada vez con más evidencias en la realidad del día a día, que nuestro país está inmerso en una vorágine de situaciones que tienen como punto de arranque la confrontación permanente entre el accionar de los grupos delincuenciales y el reaccionar de las autoridades establecidas. Lo verdaderamente grave y de consecuencias imprevisibles es que en esa confrontación la parte ofensiva la vienen incrementando las fuerzas que están al margen de la ley, lo cual ha venido dejando a la autoridad cada vez más a la defensiva. Este factor de desequilibrio es lo que más perturba al quehacer ciudadano en todos los órdenes, pues la seguridad y la estabilidad sólo pueden asegurarse cuando el imperio de la ley y el ejercicio institucional de la misma se hallan en posición dominante sin ningún género de duda.

Hasta la fecha, no ha habido en el país un verdadero programa integrador de las tareas de prevención de las conductas delincuenciales, de persecución eficaz de las responsabilidades criminales específicas y de reinserción de aquellos miembros del crimen organizado que hayan renunciado de manera real y verificable a su activismo criminal. En esto, como en tantas otras áreas de la problemática más compleja que se vive, lo que persiste es la tendencia a la dispersión en clave improvisadora. Como está sobradamente visto, así no se llega a ninguna parte y más bien lo que se consigue es enredar y profundizar más los problemas existentes. Lo que toca, cada vez con más urgencia, es ordenar las estrategias y los procedimientos, para que nos encaminemos, como institucionalidad y como sociedad, hacia las metas responsables y consistentes.

Hay que tener en cuenta que la integración aludida tiene que tomar en cuenta que los métodos y los tiempos de la prevención son diferentes a los métodos y a los tiempos de la represión del crimen, porque la prevención implica hacer reacomodos y ajustes en las condiciones de funcionamiento existencial de los que asumen la voluntad de acogerse de manera permanente al esquema normal de vida y la represión significa hacer que la ley se aplique de inmediato y sin desviaciones de ninguna índole a aquellos que la atropellan o la vulneran. Es indispensable, entonces, ir articulando y armonizando formas de tratamiento, para que al final y en definitiva todo se conjugue en un programa de trabajo que tome en cuenta todos los componentes de esta problemática tan compleja.

Si no hay una efectiva persecución de todas las actividades delincuenciales no es posible generar los impactos disuasivos que se necesitan para que las estructuras criminales ya no sigan reclutando con tanta facilidad a niños y jóvenes; y por eso la represión legal del crimen es factor determinante para que la prevención funcione con todos los programas que se requieren. En el país, hasta la fecha, ni el castigo ni la prevención han tenido la fuerza y el despliegue que son indispensables, y por ello continuamos viendo los trastornos que hacen de la cotidianidad una tierra de nadie en la que cualquier cosa puede pasar. En tanto sigamos así la inseguridad más cruda continuará con su tarea destructiva.

Insistimos en el hecho de que tiene que haber un proyecto integrado que contemple todos los componentes y aspectos de la lucha contra el crimen. Sólo en esa forma se podrá lograr que la institucionalidad cumpla su rol y que la sociedad reciba los beneficios correspondientes.

Tags:

  • prevencion
  • represion
  • crimen
  • delincuencia
  • institucionalidad

Lee también

Comentarios