La vida como una obra de teatro

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La vida como una obra de teatro

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Subjefa de Información de LA PRENSA GRÁFICAEsta semana tuvimos la fortuna de recibir a cuatro grupos de jóvenes que prepararon por más de ocho meses sus obras de teatro para estar en la final del 5.º Festival Interescolar de Teatro, que promueve cada año LA PRENSA GRÁFICA.

Además de sorprenderme siempre por el impresionante talento de los cuarenta muchachos participantes, de celebrar sus historias, sus ocurrencias, su talento. Además de disfrutar su pasión, su entrega, la disciplina con la que arman sus propuestas en escena, siempre termino sorprendida de su capacidad de representar la realidad que los rodea de manera crítica, haciéndose sentir y hasta reclamándonos como sociedad.

Uno de los objetivos de este certamen es poderles brindar un espacio de expresión. Les pedimos que ellos creen su historia y su guion, y que incluyan allí los problemas sociales que hay en su entorno. Normalmente los temas/preocupaciones son los mismos: migración, violencia, acoso, desintegración familiar, drogas, pandillas.

La primera obra que vimos fue la que más me impactó por el fuerte contenido social y de reclamo de los muchachos. La obra giraba en torno de diálogos sobre los objetivos de vida de los jóvenes: ser médico, salvar vidas, ir a la universidad, ayudar a sus padres, desarrollar carreras exitosas. Y de cómo la sociedad les iba susurrando al oído cosas negativas, les susurraba que no podían, que era imposible, que no había posibilidad. Los envolvía en círculos de violencia y sin oportunidades, eran estigmatizados por la zona donde estudiaban o vivían. Y así sucumbían ante el fracaso, en medio de una sociedad que, como dijeron ellos en sus discursos, cree que todos son malos, cree que todos son unos desocupados, cree que todos son pandilleros o que están a punto de serlo.

Bajo esa premisa, ¿cómo pretendemos que ellos crean en sí mismos? El mensaje nos llegó claro a todos los que estábamos en la presentación, y así debería llegarle claro a toda la sociedad que se empeña en meter en la misma canasta a todos. Que quiere que los ajusticiemos a todos de la misma manera. La obra es una perfecta representación de la realidad misma.

Desde hace años el reclamo es el mismo, el estigma que los persigue, que los convierte en culpables solo por ser jóvenes. Es importante que observemos el entorno y que, como me dijo una gran emprendedora, nos convirtamos en el adulto que hubiésemos querido tener cerca cuando éramos jóvenes y queríamos una, solo una oportunidad. Felicidades al CAPA, este instituto de Lourdes, Colón, que finalmente se quedó con el primer lugar. Los jurados, entre ellos el gran director de teatro Roberto Salomón y la estupenda actriz Dinora Alfaro, quedamos francamente sorprendidos por tanto talento. Gracias a esos muchachos por ser luz, en medio de muchas zonas grises.

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