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La vida de los más pobres es una "pobre vida"

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Óscar Godoy

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El drama de los "más pobres" es la rebusca diaria por la subsistencia, en hogares donde lo único que hay en el refrigerador es hielo y agua helada, una escasez humillante en la medida que avanza el mes y al momento de pagar los gastos de "vida"; esto es peor si alguien enferma o pierde su trabajo; es una lucha que los pone en tensión permanente, esperanzados en los milagros que les inspira su fe; una condición que los mantiene terriblemente vulnerables.

Estos son los endeudados de por vida, atenazados por la voracidad de usureros y por un sistema que los aturde con el cobro violento y con la fría amenaza de embargarles los pedazos de alma que les van quedando; son quienes viven confinados en comunidades marginadas, sin espacio para diluir el estrés que les provoca su existencia en asfixiante hacinamiento y en contextos controlados por el crimen; es ahí donde se les forma la "desesperanza aprendida". Son las víctimas –no conscientes– de una subcultura que los pone a mover el cuerpo a ritmo fútbol, reguetón y perreo intenso, para que no puedan mover la conciencia y para que no comprendan su miserable condición.

Ellos pagan por el aire y lodo que les llega por los grifos, pagan millones de "centavitos" como costos escondidos o "trampitas legales" en contratos y facturas, son los que más pagan por multas al no cubrir a tiempo sus recibos; es la población más maltratada por el pésimo transporte público y las carencias en el sistema de salud, son los tristes usuarios de una red escolar acechada por la delincuencia.

A diario caminan de noche –en medio de charcos y pestilencia– para llegar a sus casitas después de una larga faena; son los más asaltados en los buses, los que ponen los muertos, los desaparecidos y las víctimas de la violencia sexual de esta guerra social. La mayoría están expuestos a cocteles de parásitos al verse obligados a comer en las calles, rebuscándose por el bocado más barato para no desajustar sus monedas para pagar los pasajes... mientras fantasean con el premio de la lotería o el "sueño americano".

Sin embargo, esta población es una mina de oro para políticos siniestros que la ven como una presa fácil, que le lavan el cerebro a través de ideologías y consignas, para que –por medio del odio– se hagan la guerra entre ellos a favor de las élites que buscan poder político, sin que estos pobres –de múltiples colores– se enteren de que son un mismo gremio, de que son "compañeros de sufrimiento" sin importar a qué partido pertenezcan.

Son los manipulados por los mercaderes de la fe, que les hablan de prosperidad pero les diezman su escaso dinero; algunos políticos sin escrúpulos les hablan de salvación pero son sus verdugos, otros los alienan con la promesa de éxito, y –los más malos– les hacen creer que pronto vendrán las victorias de la "Selecta", manteniéndolos así en una especie de "sopor alcalino", para que no se enteren de que son ellos quienes pagan la vida obscena de algunos líderes de iglesias y la vida lujosa de funcionarios corruptos... para que no se enteren de que son "huérfanos políticos", "huérfanos de Estado", eternos olvidados por todos los gobiernos, para que no se enteren de que Carlos Marx está muerto y enterrado (como lo cantó Serrat). Estos son los pobres que exigen una mirada piadosa de los gobiernos, son la población a la que hay que restituirle derechos y reconstruirles la esperanza –pero de manera material– para que puedan mantener y vivir su vida, de eso trata la Ética política.

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