La vigencia del ping-pong (y 2)

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En contraste con el duro lenguaje empleado por Trump en su campaña presidencial, Washington deberá demostrar cierta neutralidad en todo lo referente a las disputas de soberanía en Tíbet, en Taiwán o en el Mar de China Meridional. China ha demostrado ser el actor más pragmático y su ambición es casi exclusivamente comercial. Con la amenaza económica latente y con ciertas concesiones en Asia, Estados Unidos puede seguir utilizando a un jugador geoestratégico como un estable pívot geopolítico.

Si los norcoreanos no sienten el manto protector de su principal aliado, la retórica antiamericana seguirá vociferándose por medio de la propaganda oficial, pero la actitud desafiante se irá extinguiendo paulatinamente.

Las recientes acciones militares de Estados Unidos han sido un concreto aviso dirigido a Kim Jong-un y a Bashar al-Asad, pero más aún a Vladimir Putin, a Xi Jinping, y al mundo. Sin embargo, este mensaje tan simbólico como ostensible es principalmente para sí mismo, en él hay una reafirmación que sentencia: “Seguimos siendo la única e indiscutible superpotencia”, aunque esta sea la “superpotencia ambivalente” conceptualizada por Henry Kissinger.

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