La violencia está cerrando opciones de futuro en el país y eso hay que revertirlo lo más pronto posible

Se vienen aprobando leyes y reformas de leyes que tienen como propósito contener la ola del crimen, como la Ley Reguladora del uso de Medios de Vigilancia Electrónica en Materia Penal y la Ley Especial contra Extorsiones; pero hasta la fecha nada ha mostrado la eficacia esperable.
Enlace copiado
Enlace copiado
La violencia criminal tiene múltiples expresiones en nuestro ambiente, y una de las más perniciosas es la que se da por el accionar de las pandillas, que realizan a cada instante y prácticamente en todos los lugares sus movimientos intimidatorios contra la población, que casi siempre desembocan en ataques directos a la integridad de las personas. Nadie puede sentirse inmune a los efectos destructivos de dicho accionar, pero son los jóvenes más desprotegidos los que padecen una de las cuotas de inseguridad más altas y agresivas. Y es que la delincuencia organizada trata de reclutar de manera intensiva a adolescentes y jóvenes para incorporarlos al activismo del crimen en las distintas modalidades del mismo y a la vez tiene en este sector de la población uno de sus campos de ataque más propicios, por la despiadada competencia entre organizaciones pandilleriles.Cuando se constata, por ejemplo, cómo está de trastornada y peligrosa la situación de seguridad en muchos ámbitos educativos del país puede colegirse muy fácilmente lo que pasan los niños, los jóvenes, sus familias y sus maestros en el ambiente cotidiano. No es de extra ñar, entonces, que haya tantos problemas para asegurar una formación de verdadera calidad, ya que casi toda la gente está más preocupada por sobrevivir que por cualquier otra cosa. Y tampoco es de extrañar que tantos salvadoreños consideren que el único futuro realmente posible es el que podría encontrarse más allá de nuestras fronteras, así sea exponiéndose a los riesgos más depredadores. En tales condiciones resulta cada vez más difícil y complejo promover y desplegar las bases de un desarrollo que no sólo esté en concordancia con las necesidades nacionales sino que responda a las aspiraciones ciudadanas.

Lo primero que habría que superar es la tendencia a ver los comportamientos de violencia criminal como una sucesión de hechos que parecieran darse espontáneamente. Esta percepción se va intensificando al convertirse la violencia en un fenómeno cotidiano, con el que ya se cuenta como algo casi natural. En nuestro caso, mucha gente piensa que la sociedad salvadoreña es violenta por naturaleza, y tal percepción dificulta el hacer juicios realistas sobre lo que ocurre, poniéndolo todo en el plano de una especie de fatalidad contra la que muy poco se puede hacer. La verdad es que la violencia que padecemos es un mal erradicable, siempre que se establezcan los diagnósticos apropiados y se apliquen las estrategias consistentes.

El punto clave está en reconocer que la criminalidad tiene raíces profundas, y sólo llegando hasta ellas es factible encarar la problemática con éxito. No basta con tomar medidas: hay que hacer que funcionen en la dimensión debida. Se vienen aprobando leyes y reformas de leyes que tienen como propósito contener la ola del crimen, como la Ley Reguladora del uso de Medios de Vigilancia Electrónica en Materia Penal y la Ley Especial contra Extorsiones; pero hasta la fecha nada ha mostrado la eficacia esperable. Y es que en muchos casos ha faltado la voluntad real de hacer valer la ley sin sesgos, intereses ni vacilaciones, como se ve en el caso injustificable de la falta de bloqueo de comunicaciones desde los penales, que son hoy verdaderos santuarios del crimen.

Si la violencia y la inseguridad continúan como están poco se podrá lograr en la solución de los otros problemas que tenemos encima.

Tags:

  • reformas
  • leyes
  • crimen
  • extorsiones

Lee también

Comentarios

Newsletter