Lo más visto

Más de Opinión

La violencia sigue arrebatando vidas en racha incontrolada, y eso hay que pararlo en la forma y con los métodos pertinentes

Lo primero es decidirse a actuar con todo y frente a todo. Y para ello la clave fundamental es contar con un plan de acción y de trabajo...

Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

Lo que los salvadoreños vivimos y padecemos en esta cotidianidad tan atribulada no tiene precedentes, porque aun en los tiempos que antecedieron a la guerra interna y durante la guerra misma la violencia estaba mucho más circunscrita a un conflicto de carácter político en el que los actores se hallaban claramente identificados. Hoy, en cambio, el acontecer violento es una especie de avalancha difusa, que no respeta límites de ninguna índole, y que va de un lado a otro, destruyendo vidas, desgarrando familias y poniendo a miles de connacionales en actitud de escape a como dé lugar. Y esta violencia homicida se suma a todos los otros efectos depredadores que desata constantemente el accionar criminal.

En los días más recientes, la muerte violenta de una atleta agredida inmisericordemente en la calle mientras desarrollaba su rutina y el asesinato de un sacerdote en su vivienda parroquial mientras reposaba han venido a causar aún más conmoción en el ambiente; pero en verdad todas las muertes que se producen a diario a manos del crimen constituyen un fardo de inseguridad creciente que ya no se soporta. Esto aflige e indigna a la población, que está demandando desde hace mucho que se tomen las medidas correctivas y reparadoras que la situación exige cada vez con mayor apremio.

No se puede obviar el hecho de que se han dado iniciativas en la línea de controlar la inseguridad y normalizar la vida en las diversas comunidades del país; pero lo incuestionable es que dichas iniciativas no sólo no han sido suficientes, sino, sobre todo, han carecido de la efectividad elemental que se requiere para que el fenómeno destructor comience a revertirse de veras. Esto se ha dicho una y mil veces, y es como si los oídos de quienes están en el deber de reaccionar en primera línea fueran incapaces de escuchar las voces clamantes de la realidad.

Es clarísimo, porque todas las evidencias lo demuestran, que la violencia criminal no se va a resolver, ni siquiera a amortiguar, con medias tintas y con paños tibios. La situación hay que encararla al tope, según su naturaleza y conforme a su arraigo en el ambiente. El crimen está territorializado en todos los sentidos, las estructuras criminales imponen su ley por doquier, la ciudadanía amenazada y aterrorizada vive con el alma en un hilo. ¿Qué hacer, entonces, en lo que toca a tales desafíos destructores?

Lo primero es decidirse a actuar con todo y frente a todo. Y para ello la clave fundamental es contar con un plan de acción y de trabajo que contemple todos los aspectos y facetas de tan compleja problemática, y paralelamente poner a funcionar una metodología estratégica que abarque la desarticulación de las estructuras criminales, la estricta aplicación de la ley en el castigo de las conductas delictivas de cualquier índole, los mecanismos de prevención que tengan que hacerse valer en el terreno y las dinámicas de reinserción que sean realmente funcionales.

Crear dicho plan y diseñar su hoja de ruta tendría que ser ejercicio urgente para la Administración que está por llegar. Ya no seguir en medidas sueltas, sino comprometerse al esfuerzo articulado sin dejar nada al margen. Si eso se logra cuanto antes, todos saldremos beneficiados.

Lo que hay que evitar a toda costa es que la inseguridad y sus gestores criminales sigan haciendo de las suyas. El país necesita y merece volver a la normalidad plena.

Tags:

  • violencia
  • crimen
  • inseguridad
  • plan de acción

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines