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La viveza Pipil

"Somos más los buenos que los malos", frase legendaria de uso frecuente, sobre todo en el vox políticus mundial. Lógico, de lo contrario fuese imposible la supervivencia de la civilización.

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Carlos Alfaro Rivas

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Culío me pongo al darme cuenta de que, en El Salvador, este balance entre el bien y el mal parece que está inclinado hacia lo malía, sobre todo en materia de honestidad. "Sí que somos gañanes", afirma la lorita Pepita. Cierto, lorita; nacemos viendo y aprendiendo la viveza pipil.

Miren qué ahuevada:

En un reciente experimento de sociología que ejecutó la Universidad de Michigan, en 38 de los 40 países visitados, brillaba la llama de la honestidad en los investigados. Solo a los turcos y a los salvadoreños nos poncharon.

El experimento consistía en medir la honestidad de la población, provocando a los sujetos con una billetera, pupusa de tarjetas de crédito, identificación y el equivalente a $20 en moneda local.

Sencillo. Los investigadores entraban a la recepción de oficinas en la capital: "Me encontré esta billetera en el parqueo, quizás es de alguien de aquí", y patitas pa qué te quiero.

Nos poncharon, porque en El Salvador, solo el 3 % de las 425 billeteras fue devuelto, y para poder rankear como un país honesto, se necesita al menos una devolución del 60 %. Niveles de Escandinavia (Noruega 95 %, Suecia 92 % y Finlandia 98 %), ¡ni soñarlo!, tendríamos que nacer cheles y varas de cuete, y no prietos y sapitos.

Muchos prietos y sapitos que aprendemos la viveza pipil de nuestros padres y modelos sociales.

Muchos políticos piensan que es de los buczos volverse millonario de la noche a la mañana. Viveza que estrelló en la pared a Saca y Funes, ambos viviendo su propia tortura. Pero no hablemos de manos peludas porque me dan ganas de sopear. Mejor les invito a un tour por la viveza pipil. ¡Vamos! Es de choto, y necesitamos reflexionar.

Tengo un chero hotelero en Guatemala, quien me cuenta que a los guanacos nos dicen los "roba toallas", y para evitarlo, no nos hacen check-out hasta pasada la inspección de la habitación. Que en las cámaras nos tiene grabados en el momento que vaciamos el carrito de servicio; ¡si hasta las sobras de room service del vecino nos hartamos!

Más daño que la pérdida de toallas es la gañanada aplicada en nuestras declaraciones de impuesto. ¡Qué bien se siente domar al fisco!

Ayer que "fulié", clarito vi a mi vecino poner en cero la bomba de la Texaco, cuando ya había echado $15. También fui a misa de muerto, y me reí al ver que mi vecina agarró 3 monedas de a 5 y las depositó con fuerza para que sonara el chinguilín. Bueno, mejor no hablo pues yo nacas, a pesar de que el cobrador me empujó la bolsa de terciopelo en mi hebilla. Si solo tengo un billete de $20 le traté de comunicar con mirada ahuevada.

La viveza pipil se expresa también, cuando el cipote ya emplumó, pero pagamos menos por una entrada de menores de 10; cuando no tenemos 60, pero medio patojeamos para agarrar la ventanilla de la tercera edad en el banco; cuando no patojeamos, pero bien que nos parqueamos en el Handicapped; cuando tratamos de chequear una maleta de 100 libras, sabiendo que el límite es 35 ("ay le voy a hacer ojitos a la del counter"); cuando afianzamos el almuerzo en el buffet del desayuno; cuando nos servimos montañas de bocas en un plato diseñado para una a la vez; cuando invadimos aceras y ejes preferenciales; cuando nos conectamos al cable del vecino; cuando de la oficina nos hueveamos los implementos para las tareas de nuestros hijos, y hasta el papel higiénico.

La picardía sana, como una cerveza más si es de choto, o hacerle ojitos a la de Avianca, está bien; pero huevear, sean millones o un fardo de papel bond, está mal, muy mal.

Colorín, colorado el tour por, algunos ejemplos, de la viveza pipil ha terminado. No olviden sus objetos personales que, si los dejan, se los huevean.

En serio: Ahora que nuestro país surfea una ola de renacimiento, reflexionemos, y actuemos para combatir la malía de nuestras vidas; para darle el ejemplo a nuestros hijos.

Hagámoslo, se siente bien.

Tags:

  • malía
  • honestidad
  • viveza
  • impuesto

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