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La vuelta de la tortilla

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Carlos Alfaro Rivas - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Dicen que el poder destructivo de la naturaleza no tiene rival. No estoy de acuerdo. Aunque dicho poder, a cada rato, lo evidenciamos en terremotos, huracanes, tsunamis y llamaradas, pienso que la madre naturaleza sí tiene rival. "Solo los sorbetes de Santa Ana son Sin Rival", se saborea la lorita Pepita.

Negativo, lorita. En El Pulgar, la tierra no nos ha tragado del todo, ni el norte barrido, las olas lavado, ni las llamas achicharrado, pero, desde 2009, nos ha destruido la exponencial incompetencia del gobierno de turno.

Para comprobarlo, basta echar un vistazo al lado hondureño de nuestro cerco de Chalate, y veremos una grama mucho más verde que la nuestra. No solo en Honduras. La grama es también más verde al otro lado de nuestro cerco de Ahuachapán y, antes del genocidio de Ortega, también era más verde al lado sur de La Unión.

Antes del FMLN, la economía de El Salvador era casi el doble que la de Honduras. Ahora, se dio vuelta la tortilla, y la economía catracha crece a ritmo de 4 % anual, mientras la nuestra se arrastra.

En café somos el hazme llorar de la región. El año pasado, Guatemala cosechó 2.8 millones de quintales, Costa Rica 2 melones, Nicaragua 1.2, Honduras ¡10 millones! El Salvador, apenitas 700 mil. Otra tortilla que se ha dado vuelta.

Antes del FMLN, Honduras cosechaba 200,000 quintales; El Salvador casi 4 millones. Ahora, con sus 10 melones, nuestro vecino es el quinto productor del mundo entero, superado solo por Brasil, Vietnam, Colombia e Indonesia. ¿Y El Salvador? Muy mal, gracias.

¿Quieren más tortillas? Antes de la triste Guerra de las 100 horas (julio 15 al 18, 1969), y otra vez en la década de los noventa, nuestra inversión en Honduras era vigorosa; ahora anémica.

En los sesenta, los estantes de los supermercados hondureños abastecían jabón Rinso, Lifebuoy, Lavasol, Lux, Camay, León, Lavamas y Dial, procedentes de El Salvador; manteca Escudero, Superior, Nieve, Oso y Chanchita; Aceite El Dorado, Orisol, y Escudo; margarina Mirasol, Café Listo, Pastas Alimenticias Delicia, Boquitas Diana, Confites Americana y Polar, Sopas Continental. Asimismo, las paredes en Honduras se pintaban con Sherwin Williams, las calles se pateaban con zapatos Adoc; todo made in El Salvador.

Atrás también quedó la pujanza de capital salvadoreño en Honduras, construyendo hoteles y centros comerciales; fundando líneas aéreas.

La tortilla se da vuelta, y ahora es el capital hondureño el pujante, apostándole a El Salvador: Grupo Terra compra Citi, y lo rebautiza Cuscatlán; también compra SISA, Puma y las tiendas Pronto. Banco Atlántida no se queda fuera del baile, y compra Procredit. Lempiras también se invierten en almacenes, generación de energía y tiendas de lencería ("shuii shuiooo", chifla la lorita).

¿Más masa, lorita?

En puertos también somos el hazme llorar de la región. Al traste todo el plan del Canal Seco, para competir con Panamá, conectando, por tierra, el Puerto de La Unión en el Pacífico salvadoreño con Puerto Cortés en el Atlántico hondureño.

Mientras el FMLN mantuvo nuestro puerto dormido durante 10 años, los hondureños abrieron 4 carriles entre la frontera El Amatillo y Puerto Cortés, recién equipado con grúas, únicas en la región, que incrementan su capacidad de manejo de carga en un 50 %. ¿Y El Salvador? Muy mal, gracias.

En aeropuertos, ellos construyen Palmerola, ya con contrato afianzado para ser administrado por el mismo operador alemán del aeropuerto de Frankfurt. Nosotros le damos una mano de gato a Comalapa, aka "Monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez y Gorrita", y lo dejamos en las manos peludas de CEPA.

Mejor no sigamos que nos cortamos las venas.

Guarden la Gillette. Gracias a Dios la exponencial incompetencia, que nos tiene más cagados que la estaca de la lorita Pepita, tiene sus días contados. Es tiempo de limpiar la estaca, y de darle vuelta a la tortilla a nuestro favor; de levantar la economía, de rescatar nuestra caficultura, de revivir nuestra industria, de activar la punta pacífica del Canal Seco, de ponerle punto final a la década destructiva del FMLN.

No nos vayamos a volver a equivocar.

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