Lamentable posición de nuestro país

Ante la difícil situación que vive el pueblo venezolano, bajo cuyo régimen sistemáticamente se violentan derechos fundamentales, algo que ya nadie puede negar, lo que se espera de los países que creen en la democracia y en la vigencia de los derechos humanos es que repudien estas actuaciones propias de una dictadura, tal como lo han hecho muchas naciones y organismos internacionales, dentro de las cuales lamentablemente nuestro país no figura.
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Siendo consecuentes con la actual política exterior de El Salvador, no sorprende la falta de condena por lo que sucede en Venezuela, pues ya hemos presenciado la postura en la OEA apoyando a dicho país, cuando se ha buscado el consenso para la propuesta del secretario general, Luis Almagro, de aplicar la Carta Democrática y suspender a Venezuela por la alteración del orden constitucional y por violar precisamente dicho instrumento. La respuesta gubernamental no ha sido la denuncia de las violaciones al orden democrático, sino la sugerencia de “diálogo”, postura tibia, ineficaz e insuficiente, más bien parece una mera excusa para seguir apoyando al régimen autoritario venezolano.

Desilusiona sobremanera que el Gobierno sea capaz de felicitar a Venezuela por la “alta participación, espíritu cívico y democrático en la elección de la Asamblea Constituyente”, cuando dicho proceso no tuvo ni alta participación, ni tuvo nada de cívico ni de democrático, pues ha estado altamente cuestionado por fraude y con vicios desde su origen, volviendo, por ende, ilegítima a dicha Asamblea.

Por lo anterior, es comprensible y lógico que la misma haya sido desconocida por países de América y Europa. Esta semana, en la reunión de cancilleres de América Latina y el Caribe, celebrada en Lima, 12 países condenaron con firmeza al régimen totalitario de Venezuela; cita a la que El Salvador no acudió, pero sí respondió al llamado de Venezuela, quien al mismo tiempo convocó a los países del Alba en Caracas. De nuevo en esta reunión El Salvador volvió a sugerir el “diálogo” y otra vez calla sobre las violaciones a derechos humanos. Como si esto fuera poco, se trae la sugerencia del presidente venezolano de tener una cumbre de la CELAC en nuestro territorio, con el fin de reunir a los países del Alba para “restituir los caminos de América Latina”, lo cual ha generado un amplio rechazo en la sociedad salvadoreña.

En toda democracia deben existir ciertos elementos, tales como el respeto a los derechos humanos, y el sistema de frenos y contrapesos, los cuales se han anulado en Venezuela. Al respecto, el informe de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU, conocido esta semana, reconfirma las violaciones a los derechos humanos: uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, 124 muertes de manifestantes, tratos crueles, torturas, etcétera. Debe recordarse que El Salvador actualmente preside el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, por lo que si el Gobierno fuera congruente con este importante cargo internacional, debería haber tenido una postura de rechazo a las violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Por otra parte, en cuanto a los frenos y contrapesos, en dicho país se tiene controlado al Tribunal Supremo de Justicia, quien recientemente destituyó a la fiscal general, institución que era de lo último que quedaba para frenar los abusos de poder, y además, la Constituyente aprobó un decreto para tomar el control de todos los poderes públicos.

El Salvador debería reflexionar y cambiar su política exterior con relación a Venezuela y ponerse del lado del restablecimiento del orden democrático y de la defensa de los derechos fundamentales, tal como obligan distintos tratados internacionales que ha ratificado y que deberían aplicarse con firmeza.
 

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