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Las actitudes más propias del momento son las que responden al realismo y a la responsabilidad

Todos nuestros países tienen que ver de frente la crisis venezolana, que golpea sobre todo a la población indefensa de aquel país, cuyas riquezas dilapidadas y cuyos excesos dictatoriales parecen el resultado inverosímil de una broma histórica macabra.

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Nos hallamos en un momento histórico verdaderamente decisivo para darle fortaleza estructural a nuestro presente y para abrirle rutas de realización a nuestro futuro. Y esto vale como una demanda nacional y como un imperativo regional y global, porque estamos viviendo en un mundo crecientemente intercomunicado, en el que ya los viejos enclaustramientos, de la índole que fueren, han dejado de ser factibles y sostenibles. Hoy, las condiciones generalizadas de la realidad nos ponen a todos ante las diversas imágenes de una actualidad que se mueve sin descanso, como si nos halláramos en un inagotable salón de espejos giratorios. Y para evitar los mareos que hacen perder el paso hay que tener en cuenta a cada instante que el instrumento funcional por excelencia es la racionalidad, que ha estado tan ausente hasta la fecha en todas partes.

Los salvadoreños enfrentamos en esta precisa coyuntura de nuestro proceso nacional una serie de desafíos que nos ponen a diario ante una disyuntiva de alto voltaje: o nos quedamos girando en los mismos círculos viciosos que se han vuelto tan usuales en el ambiente o nos movemos en forma proyectiva hacia los espacios de la verdadera modernización abierta. Todo esto requiere que las distintas fuerzas nacionales se responsabilicen del compromiso de actuar en todo sentido conforme a lo que indica la lógica democrática, que es la única fórmula valedera para consolidar la estabilidad, promover la paz y activar el desarrollo.

Tenemos alrededor ejemplos lacerantes de lo que puede ocurrir cuando llegan a imponerse las líneas caudillistas y populistas, y el más patético de tales ejemplos es el que viene escenificándose en Venezuela desde hace ya dos décadas. La situación venezolana que hoy se halla en extrema crisis arrancó de una decisión popular impulsada por el quebranto de los partidos políticos tradicionales, que se alternaron en el ejercicio del poder durante largo tiempo, lo cual derivó en la frustración ciudadana que propició un giro aventurado. En estos momentos, el chavismo ha llegado a sus trastornos finales, aunque aún no se ven salidas conducentes hacia una normalidad verdaderamente sustentable.

Todos nuestros países tienen que ver de frente la crisis venezolana, que golpea sobre todo a la población indefensa de aquel país, cuyas riquezas dilapidadas y cuyos excesos dictatoriales parecen el resultado inverosímil de una broma histórica macabra. Mencionamos el realismo y la responsabilidad como los factores determinantes para evitar las distorsiones y los descalabros que son siempre amenazas que están al acecho en cualquier parte, y ya no se diga en países tan vulnerables como los nuestros.

Los salvadoreños tenemos que cuidar al máximo nuestro proceso, que ha costado tanto mantener e impulsar. Falta muchísimo por hacer prácticamente en todos los órdenes de la vida nacional, y a ello habrá que dedicarse con todo empeño.

A la democracia hay que servirla día tras día, desde los más altos niveles del poder hasta los espacios más humildes de la cotidianidad. Y esto requiere vigilancia permanente por parte de todos, para que llegue a prevalecer el rumbo correcto.

Tags:

  • racionalidad
  • desafíos
  • populistas
  • chavismo
  • realismo
  • responsabilidad

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