Las campañas, los eslogan y la antipolítica...

El país se encamina aceleradamente a las legislativas y municipales de 2018. Lo hace en un entorno nacional e internacional en el que los actores políticos no cuentan con la confianza de los ciudadanos. La única forma de revertir esta tendencia es demostrando efectividad en el ejercicio del poder. La insatisfacción continuará incrustándose en la conciencia colectiva si faltan resultados concretos que impacten positivamente a los habitantes.

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Luis Mario Rodríguez R. / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Una alternativa para recuperar la creencia en los partidos es la de promover pactos sobre temas estratégicos que transformen el rostro de El Salvador. México lo comprendió así en 2012 cuando regresó al poder el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El entonces candidato a la presidencia, Enrique Peña Nieto, suscribió un gran acuerdo nacional que incluyó trece reformas, la mayoría de estas, constitucionales, en el que las protagonistas fueron las organizaciones partidarias.

El “Pacto por México” trascendió internacionalmente. Reformó las telecomunicaciones, el ámbito educativo, el sistema político y electoral, la competencia económica, la recaudación fiscal, el derecho de acceso a la información pública, la disciplina financiera del Estado, la legislación penal y la de carácter laboral, el acceso al crédito y la protección de los derechos humanos. Su implementación fue “dolorosa” y determinados sectores perdieron los privilegios que habían acumulado durante décadas a costa del erario público. En materia política se introdujo la reelección de los diputados. Ahora se someterán al escrutinio de la gente porque la renovación en el cargo es el mecanismo idóneo para exigir cuentas a los representantes designados por el voto popular.

“Si la esencia de la política es negociar, pactar es gobernar. Las fuerzas políticas no pueden, no deben dejar de intercambiar nuevas propuestas, escuchar impresiones, identificar coincidencias, precisar diferencias, realizar cesiones y construir acuerdos, sin dejar de privilegiar los consensos cuando sean posibles”. Así lo señala el prólogo del libro: “La concertación política en contextos de democracias fragmentadas: el caso del pacto por México”, obra del secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, Francisco Guerrero.

El autor acierta cuando exhorta a los institutos políticos, sin importar la tendencia ideológica que los caracterice, a buscar entendimientos. La inminente finalización del Estatus de Protección Temporal (TPS), los niveles alarmantes de homicidios y extorsiones, la presión fiscal por el alto endeudamiento público y la posibilidad de sufrir un revés en la independencia funcional de los titulares de la Fiscalía General de la República, la Corte Suprema de Justicia, la Corte de Cuentas y el Tribunal Supremo Electoral, son causa suficiente para que las ofertas de los candidatos y partidos incluyan la firma y ejecución de convenios legislativos que garanticen la aprobación de leyes y reformas a normativas existentes como núcleo central para la atención de esos graves asuntos.

El papel de los electores es igual o más relevante que el desempeñado por los políticos. Se necesita de una ciudadanía activa que exija el debate de esos y otros aspectos y deseche por completo el populismo. El voto informado es una resistente trinchera en contra de esa epidemia que recorre el mundo entero y que se vale de la promoción de la imagen de los candidatos y de los “eslogan” de campaña para evadir la controversia de las cuestiones esenciales que contribuyen al desarrollo nacional.

Sin contraloría social y con un escaso conocimiento de las propuestas legislativas se alienta el flagelo de la antipolítica en el que la discusión de fondo es sustituida por frases cortas, de tinte publicitario, con las que es muy difícil descifrar el credo y los ideales de los aspirantes a legisladores.

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