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Las consecuencias de una crisis financiera

El tema actual de la economía es el impago y no sin razón. Normalmente un impago en un país, como el que ocurrió en abril, puede ser la antesala de una crisis financiera.
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La amenaza de que se repita en julio está en el horizonte incierto en que vivimos en materia fiscal y de decisiones públicas. Siempre es una posibilidad. Nadie tiene ninguna certeza al respecto.

Se escribe y discute mucho sobre el impago, los compromisos de deuda que el gobierno tiene en los próximos años, las complicaciones de servir la deuda futura y sobre lo difícil que los políticos lleguen a un acuerdo para encontrar y aplicar las soluciones requeridas, pero pareciera ser que no terminamos de dimensionar el tamaño del problema que nos podría golpear.

¿Cómo podría golpearnos una crisis financiera? Es difícil realizar proyecciones, es poco confiable que un modelo económico y financiero nos permitiera estimar lo que ocurriría bajo un escenario de crisis. Son demasiadas y muy complejas las interacciones de las variable en juego, pero las experiencias de crisis anteriores de otros países, de las cuales existe una gran lista, deberían ayudarnos a visualizar el tamaño del golpe.

Una primera ilustración nos la puede proveer Argentina. En 2002, justo el año siguiente a la irrupción de la crisis, la economía se contrajo 11 %, la moneda se devaluó de un peso por dólar a cuatro; la inflación alcanzó en ese año 41 %; los salarios cayeron 24 %; y la tasa de pobreza llegó hasta 57 % en 2002. Se estimó que 4 de cada 10 argentinos llegaron a vivir con $1 o menos por día. (Crisis económica de Argentina: causas y cura, pág. 2 y 6, Comité Económico Conjunto del Congreso de los Estados Unidos).

Otra ilustración se encuentra en el recuento histórico de la crisis del tequila de México de mediados de los noventa. La crisis se disparó en diciembre de 1994 y durante el siguiente año la producción cayó 6 %; los precios de los bienes de consumo aumentaron 52 %; y la moneda se devaluó 47 %. Entre 1994 y 1996 el consumo de las familias cayó 25 %, su ingreso, 31 %; y la pobreza, aumentó 6 puntos porcentuales (Financial Crises, Poverty and Income Distribution, pág. 20-22, IMF, 2002).

Las ilustraciones muestran que las consecuencias varían dependiendo de la naturaleza de la economía de cada país y de la causa principal que la provoca, pero todas muestran un impacto muy doloroso para los diferentes sectores de la sociedad. Por ejemplo, todas muestran un impacto sustancial en los más pobres por causa de la caída del empleo, el aumento de la inflación y la contracción brusca del gasto público social. En efecto, durante las crisis asiática de 1997 y rusa de 1998, la pobreza aumentó alrededor de 10 puntos porcentuales en Corea del Sur e Indonesia y cerca de 12 puntos en Rusia (Institute of Development Studies, What are the Likely Poverty Impacts of the Current Crises?, 2009, pág. 1).

Las lecciones indican que la única vía para evitar llegar a sufrir esas consecuencias es ajustar la economía mediante reducción de gastos, aumento de ingresos o ambos, para eliminar la causa del endeudamiento. No parece haber otro camino que alcanzar un acuerdo para ese propósito. Por supuesto, no es fácil para ningún gobierno, sobre todo con elecciones a la vuelta de la esquina; pero el costo económico y el retroceso social de no hacerlo serán demasiado grandes para la sociedad.

Si caemos en ello por conveniencias políticas, ningún responsable de esas decisiones públicas podrá decir que no sabía hacia dónde íbamos y de qué tamaño era el golpe.
 

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  • impago
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