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Las cuatro ventanas

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<p></p><p></p><p></p><p></p><p>La primera ventana da a un pequeño jardín, en el que los arbustos están siempre floridos. Allá, al fondo, junto al muro divisorio cubierto de enredaderas, un columpio de liviana armazón invita al niño que corretea buscando la puerta de salida, ya con impulso adolescente. La segunda ventana da a una calle que se dirige hacia el horizonte. Por esa calle, bordeada de eucaliptos y robles, avanza con ánimo visible un adolescente que mira a uno y otro lado, en busca de un acceso propicio, que quizás está más adelante, en aquellas edificaciones donde los jóvenes van entrando y saliendo sin descanso. La tercera ventana da a una plaza por la que circulan las parejas tomadas de las manos, hombres y mujeres jóvenes que miran de vez en cuando hacia las montañas distantes, en las que el Sol dibuja las señales luminosas de su madurez. Y de seguro hay una cuarta ventana, que no se deja ver en los entornos, quizás porque da de nuevo hacia un pequeño jardín en el que los arbustos siguen floridos pero envueltos en una tenue bruma crepuscular y el columpio se mueve a su ritmo característico, pero con un levísimo crujido indescifrable…</p><p></p><p></p>

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