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Las diferencias políticas deben ser manejadas democráticamente, para que la llamada polarización no funcione como factor paralizante

Los atolladeros políticos artificiales se mantienen vivos, y la tarea prioritaria al respecto tendría que comenzar por una sencilla toma de conciencia sobre el rol que les corresponde a todas las fuerzas que ejercen algún tipo de representación, sea en lo público o en lo privado.
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Lo que El Salvador más necesita en estos momentos tan aciagos es poder respirar aire político que esté lo más a salvo que se pueda de contaminaciones venenosas, como las que constantemente circulan por la atmósfera nacional. Esto lo hemos dicho infinidad de veces y de seguro tendremos que repetirlo sin descanso: la nación salvadoreña no resiste más el azote de las conflictividades artificiosas que derivan de la mala práctica de la interacción democrática entre fuerzas distintas que se mueven y actúan en el escenario real, y ojalá que los mensajes que salgan de las urnas electorales en 2018 y en 2019 apunten hacia la renovación de la conducta de todos los que están en el juego tanto político como económico y social.

En estos días nos hallamos en un breve paréntesis de la actividad general con motivo de las tradicionales festividades agostinas, y cuando se producen periódicamente este tipo de pausas relativas pero ventiladoras hay que aprovechar el momento en función de propiciar algunos ejercicios de reflexión que puedan conducir al menos a la apertura de espacios más relajados y promisorios. Esto no ha sido posible hasta la fecha principalmente porque los actores políticos, y en especial los que tienen más fuerza representativa por su respectivo caudal de apoyo ciudadano, se resisten a los entendimientos razonables porque se figuran que eso les restará apoyo popular, sobre todo en el campo de su “voto duro”. Desde luego, los que así continúan creyendo es porque no leen con mente abierta y actualizada los mensajes de la realidad actual, que surgen cada vez más de los distintos espacios de la ciudadanía activa.

Los atolladeros políticos artificiales se mantienen vivos, y la tarea prioritaria al respecto tendría que comenzar por una sencilla toma de conciencia sobre el rol que les corresponde a todas las fuerzas que ejercen algún tipo de representación, sea en lo público o en lo privado. Es de destacar que la ciudadanía va adelante en esa toma de conciencia, y por eso es que desde los diversos planos de ella que surgen iniciativas destinadas a superar barreras y a dejar de lado atrincheramientos indeseables. Lo que se llama polarización, y que realmente es algo mucho más rudimentario, porque no es que haya polos enfrentados, sino más bien negaciones en choque, está haciendo que se produzca un desperdicio continuo de energías nacionales, que deja al país en creciente vulnerabilidad precisamente cuando más fuerte y sólido tendría que estar para afrontar desafíos y aprovechar oportunidades.

Diferencias políticas, sociales y económicas siempre habrá, porque es lo natural dentro del pluralismo que caracteriza a toda sociedad que busque funcionar en forma libre y proyectiva. En El Salvador eso ha venido de la mano de la activación democrática que logró arraigo y tomó impulso desde hace ya casi cuarenta años; y nuestro deber histórico actual, como sociedad y como miembros de la misma, es hacer todo lo que sea necesario para que el pluralismo vaya dando los frutos que le son propios, dejando atrás esa falsa cultura de choque que nunca produce nada bueno, como es muy fácil comprobar aquí y en cualquier parte.

Propongámonos todos emprender esfuerzos que sean valederos y sustanciales para que nuestro sistema de vida se mantenga saludable en ruta de progreso. Y para eso el saludable ejercicio de las diferencias tiene que ganar la delantera.
 

Tags:

  • democracia
  • dialogo
  • Estado
  • pluralismo

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