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Las distintas formas de seguridad son claves para potenciar el crecimiento en todo sentido

La seguridad, entonces, tiene necesariamente componentes funcionales, anímicos y programáticos. No se puede basar simplemente en medidas aisladas ni en políticas excluyentes: tiene que ser el producto de un consenso nacional que se pueda ir desenvolviendo en el tiempo.
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La falta de un crecimiento suficiente y sustentado se hace sentir en el país desde hace bastante tiempo como un lastre que se ha vuelto cada día más difícil de sobrellevar. Esto no solamente tiene una grave incidencia sobre las condiciones de vida del grueso de la población sino que nos pone como país en situación de creciente desventaja frente a los otros países del entorno. Es por ello que la recuperación de las energías que conducen a un crecimiento verdaderamente significativo se haya vuelto ya una demanda histórica de primer orden en los diversos campos de nuestra conflictuada realidad. Al ser así, se hace preciso con apremio cada vez menos evadible que todos los actores nacionales, partiendo desde luego de la misma ciudadanía, pongan lo que les corresponde para enfilar al país hacia sus verdaderas metas de desarrollo.

Como destacamos desde el comienzo, la seguridad es multidimensional, y así hay que dimensionarla y tratarla. Algunas formas básicas de la misma son la seguridad ciudadana, la seguridad política, la seguridad jurídica y la seguridad ambiental. Al hacer este englobamiento salta de inmediato a la vista que hay que garantizar que la seguridad funcione adecuadamente desde todos los ángulos, para que así se haga posible tener normalidad, predictibilidad, confianza y certidumbre, que son los pilares de la efectiva fortaleza institucional y del sano desenvolvimiento social.

La seguridad, entonces, tiene necesariamente componentes funcionales, anímicos y programáticos. No se puede basar simplemente en medidas aisladas ni en políticas excluyentes: tiene que ser el producto de un consenso nacional que se pueda ir desenvolviendo en el tiempo, como puede verse con claridad en aquellos países que han logrado definir y proseguir una ruta de desarrollo que les ha permitido crecer y prosperar de manera sostenida.

Todo esto va directamente vinculado con el tema crítico de la vigencia de las libertades en el ambiente, y en ese sentido la libertad económica es crucial para garantizar crecimiento. En el país, dicha libertad ha estado a merced de los vaivenes políticos, lo cual impide que el progreso se vuelva previsible. Necesitamos predictibilidad para que la inversión tanto nacional como internacional se anime a dar todo de sí. La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) acaba de hacer un nuevo llamamiento para que se trabaje por el aseguramiento de la libertad económica en el país, y hay que responder de manera firme y consistente a esa petición institucional tan oportuna e impostergable.

De cara a un nuevo esquema legislativo y en perspectiva del relevo presidencial que se consumará el 1 de junio de 2019, hay que habilitar estrategias gubernamentales renovadoras para que se promueva la estabilidad y se estimule la confianza. En ese orden, la predictibilidad es un factor indispensable para que haya solidez en el sistema, que es en definitiva lo que más influye en el progreso sostenible.

Todo esto empalma en forma directa con el redireccionamiento del rumbo nacional. Y aquí hay que prestarle especial atención a lo que viene señalando la opinión ciudadana: el imperativo de corregir el rumbo. Esto es vital para salir adelante.

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