Las expectativas deben apuntar a la búsqueda de mejora en todos los órdenes nacionales

El elector ya no se contenta con promesas superficiales ni con ofrecimientos banales: busca respuestas a los problemas que le atañen y demanda reordenamientos tanto de las conductas partidarias como de las actuaciones gubernamentales.
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A la luz de lo decidido por el electorado en los comicios del pasado 4 de marzo, lo primero que habría que hacer es un análisis concienzudo de lo que quiso decir la ciudadanía al expresarse en las urnas, para pasar de inmediato a la tarea de elaboración de un diagnóstico de realidad que permita dirigir directamente todos los esfuerzos hacia la solución de los problemas nacionales pendientes y al mismo tiempo hacia la construcción de condiciones que favorezcan el desarrollo nacional y el mejoramiento del vivir ciudadano. En términos más claros, lo que la situación resultante de la prueba en las urnas trae consigo es la imperiosa necesidad de que todas las fuerzas, y en particular las fuerzas políticas, hagan una autovaloración de lo que la ciudadanía les ha puesto como tarea ineludible.

Dicha tarea es el aseguramiento de una gobernabilidad que no sea un simple manejo de intereses parciales y coyunturales, sino la puesta en práctica, de manera inequívoca, del servicio al bien común, que ha venido estando tan ausente de las políticas públicas y de la interacción partidaria. La nueva legislatura, que tomará posesión el próximo 1 de mayo, tendrá una configuración muy diferente a la actual. En ésta, al FMLN le bastaba unirse a GANA más un voto adicional para hacer mayoría simple, que es la que se necesita para casi todas las decisiones legislativas; hoy, en cambio, según el conteo preliminar, a ARENA le bastará unirse a GANA o al PCN para lograr dicha mayoría simple. Y en lo que toca a la mayoría calificada, que en la legislatura actual sólo podía lograrse con la suma de votos del FMLN y ARENA, en la que viene podrá alcanzarse con los votos de ARENA, de GANA y del PCN. Dentro del nuevo panorama habrá que sentar la bases de la gobernabilidad que se requiere para que el país funcione y el progreso avance.

La calificadora de riesgos Fitch Ratings acaba de manifestar que el hecho de que ARENA tenga hoy la sartén por el mango en el plano legislativo es una señal prometedora para el mejoramiento de la gobernabilidad, lo cual podría incrementarse si dicho partido gana las presidenciales de 2019. El escenario que viene, sin duda, es una gran oportunidad para entrar en un rumbo mucho más promisorio, tanto en lo político como en lo social y en lo económico. Pero todo depende, como siempre ocurre, de que los que tienen capacidad de decidir y de actuar se dispongan a hacerlo en forma consciente, realista y responsable.

Lo que queda en mayor evidencia al ponderar los mensajes que la ciudadanía ha dejado en las urnas en la elección pasada es que, desde los distintos ámbitos ciudadanos, lo que se está demandando es más credibilidad y más eficiencia. El elector ya no se contenta con promesas superficiales ni con ofrecimientos banales: busca respuestas a los problemas que le atañen y demanda reordenamientos tanto de las conductas partidarias como de las actuaciones gubernamentales. No son las ideologías las que hoy están en primera línea: son las actitudes, los comportamientos y los compromisos los que toman la delantera.

De aquí en adelante hay que ver cómo se desenvuelven todos los involucrados en sus respectivos campos para saber qué se puede esperar hacia adelante.

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