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Las industrias de un futuro próspero

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Salvador Martínez Barrera - Ingeniero MBA, CPIM

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Los árboles no nos dejan ver cómo es todo el bosque. Muchos taxistas se quejan de Uber sin identificar correctamente contra quién realmente están compitiendo: el vehículo autónomo (VA) -robots. Una vez se corrijan todas las dificultades técnicas, no habrá necesidad de contratar choferes humanos –así está la apuesta. Y esta aplica para varias industrias, y países que no se suban al tren del futuro, con sus subsecuentes conflictos sociales.

La semana pasada una empresa israelí-japonesa anunció que tenía a la venta robots que podían hacer de inspectores visuales de calidad, así como manejar montacargas, con el potencial desplazamiento de 30 millones de empleos a nivel mundial. Estos robots son más rápidos y cometen muchos menos errores. Parte del comunicado decía que con estas invenciones los humanos no van a ser afectados por enfermedades laborales dolorosas, o el covid-19, porque aseguran el distanciamiento social, y lo más importante: los clientes van a recibir sus paquetes sin problemas. ¿Buen discurso de ventas, no les parece? Pero terriblemente cierto.

Esto es el futuro que ya está funcionando y se llama INDUSTRIA 4.0, o CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. Se los ilustro con una historia sobre Foxconn, una empresa de Taiwán que empleaba a más de un millón de personas en China. Su fundador, Terry Gou, desde 2011 viene reemplazando gente por robots. Pero mejor les cito textualmente lo que dijo: "Como los seres humanos somos también animales, administrar un millón de animales me da dolor de cabeza". Su respuesta no debe engañarnos, lo hace por mantener a Foxconn competitiva en la industria manufacturera de alta tecnología, utilizando menos personas, pero sí más ingenieros.

Hay que leer entre líneas lo que Gou realmente está diciendo. La mano de obra puede ser barata, y hasta competitiva, pero no estaremos a la altura de los Terminators y de sus eficiencias a la hora de hacer tareas repetitivas. ¿Cómo nos afecta esto?

Los cocineros (ingenieros) de la cuarta revolución industrial tienen habilidades diferentes, mejoradas y aumentadas, y con ellas están produciendo pasteles que esperan venderse hasta en $13 trillones de PIB mundial para 2030 según Industry Week. Sí, leyó bien, $13 TRILLONES –18 ceros después del 13. Soñemos que El Salvador logre comerse parte de ese pastel, no seamos muy codiciosos, y tratemos de enfilar nuestros alumnos y ciudadanos hacia las matemáticas, las ingenierías, la metalmecánica, la metalurgia, la robótica y el diseño industrial (por nombrar algunas) con tal de morder la insignificante porción de $50,000 millones (solo 10 CEROS), y lográndolo mejoraríamos muchos indicadores de nuestra economía y muchas situaciones socioeconómicas familiares.

Puesto sobre el papel suena fácil –como todo sueño. Ponerlo en práctica no es imposible –requiere de muchas ganas, coordinación, mucha educación desde la primaria hasta la universitaria, traer expertos, contratar expertos, becar a los más brillantes para que luego regresen a compartir y crecer con el país y obsesionarnos con la continuidad este proyecto.

¿Por qué ahora en medio de una pandemia? Precisamente porque muchas empresas están reflexionando, cambiando su estrategia, acelerando sus proyectos, tomando ventaja de sus invenciones para mantener el distanciamiento social, ofrecer puestos de trabajo que no dañen con enfermedades laborales, y simplemente porque están poniendo sus mentes a alcanzar mejores eficiencias con los conocimientos que ya tienen –en otras palabras, están aplicando la ciencia, la cual también sirve para combatir al covid-19, y más virus que pueden venir en el futuro.

La ciencia aplicada es la que genera valor en este planeta, la cuarta revolución industrial tiene un fuerte componente de esta. Solo hay que trabajar en que en El Salvador adquiramos rápidamente un fuerte componente científico y de ingeniería, o nos quedaremos atrás haciendo trabajo de animales mal alimentados y ni podremos competir con servicios de taxi. Esa es la mejor herencia para los futuros salvadoreños.

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