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Las interpelaciones

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Óscar Manuel Batres B. - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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En cualquier país que se precie de tener un sólido Estado de derecho, las interpelaciones realizadas por los Congresos o Asambleas donde está personificada la voluntad popular son un recurso valioso para que los representantes conozcan, indaguen y profundicen sobre la forma en que los funcionarios están o han desempeñado en el pasado su función para determinar si hay elementos que se deben investigar en otras instancias del Estado, así como conocer y analizar si es conveniente hacer mejoras o correcciones en el cuerpo de leyes que regulan la función de los servidores públicos.

Por ser un recurso tan valioso para ejercer en esas instancias la labor de contraloría que le corresponde desempeñar a los representantes, se debe utilizar oportunamente y con la preparación y madurez adecuada para sacarle provecho y llegar a conclusiones sólidamente fundamentadas sobre las causas y responsabilidades en el tema que están investigando.

Los primeros dos ejercicios de interpelación realizados por la mayoría de legisladores de Nuevas Ideas fueron para investigar con comisiones especiales las donaciones otorgadas por administraciones anteriores a varias ONG, y lo que se ha conocido como sobresueldos pagados a funcionarios del Órgano Ejecutivo. Pretendieron demostrarle a la población que están cumpliendo las promesas de combatir la corrupción, al mismo tiempo que a la propaganda oficial le serviría para desviar la atención a los señalamientos que se hicieron en la lista Engel a funcionarios pertenecientes al círculo de confianza del presidente Bukele, ante lo cual de manera arrogante reaccionó diciendo que el gobierno mostraría su propia lista.

Quedó clarísimo en las interpelaciones que los nuevos diputados no habían estudiado e investigado lo suficiente sobre los temas para tener elementos que les sirvieran para auscultar y profundizar en sus indagatorias. A través del irrespeto, la vulgaridad y la frecuente repetición de preguntas triviales, pretendieron intimidar, acosar y agotar a los exfuncionarios para forzarlos a darles las respuestas que les sirvieran para acusarlos. Se mostraron débiles, inseguros e incompetentes. La exdiputada del FMLN Lorena Peña lo aprovechó para acometer y refutar sus preguntas refiriéndose a actuaciones que se les viene cuestionando a los funcionarios del actual gobierno y eso le sirvió para ganarse entre la población niveles de simpatía y admiración que no tuvo cuando fue funcionaria.

La situación fue diferente cuando llegaron desde la cárcel los convictos expresidente Saca y su ex secretario privado. Irónicamente, los diputados se mostraron cómodos, complacientes y condescendientes. Les prestaron consideración y atención a las extensas intervenciones con las cuales quisieron demostrar que han sido condenados en un proceso judicial injusto. También escucharon lo que querían oír: nombres de exfuncionarios que habían recibido sobresueldos. Sin embargo, les explicaron que habían tenido que hacer esa compensación con recursos de la partida secreta de la presidencia porque los salarios establecidos en la Ley de Salarios no permitían atraer funcionarios con la preparación, capacidad y experiencia que la complejidad de los asuntos tratados en la administración pública requieren.

Estos primeros procesos, ejecutados de manera tan deficiente, han representado una buena oportunidad para los nuevos diputados para tener más conocimiento sobre el funcionamiento del Estado, y también les han debido servir para entender que el combate a la corrupción que tanto necesitamos no lo deben hacer con acciones precipitadas, y con una clara orientación propagandística y revanchista. Están empezando sus carreras y no deben exponerse a sufrir tan tempranamente el desgaste y desprestigio en que cayeron los partidos tradicionales al distanciarse y volverse insensibles a las demandas ciudadanas. Deben entender que ante un problema tan complejo y costoso como es la corrupción, lo más importante es que las autoridades tengan la preparación, altura y solvencia moral para ser respetados, y que comprendan que la lucha contra ese flagelo requiere tener instituciones fuertes e independientes, a las que se les debe exigir un cumplimiento fuerte y efectivo de sus funciones. Ante las actuaciones tan cuestionadas de las autoridades y funcionarios actuales es el momento de que dentro de la fracción de Nuevas Ideas surjan voces que demuestren que de verdad llegaron a ser diferentes. Hasta ahora dan pena.

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