Las lecciones de aquel momento histórico son básicas para entender el momento actual

Si la conflictividad real se desactivó, ¿a cuenta de qué va a mantenerse en pie la conflictividad artificial? Todo es cuestión de animarse a leer en clave ilustrativa los mensajes del pasado, para evitar lo negativo y potenciar lo positivo.
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Aquel momento tuvo una fecha culminante: 16 de enero de 1992, pero sus raíces y entronques venían de lejos, como siempre ocurre. El momento actual es una coyuntura con otras realidades de presente y otros horizontes de futuro; y lo que toca es acumular y ordenar enseñanzas: las de aquel momento y las de este momento. La guerra en sí fue una experiencia nutrida de contrastes y de contingencias, que al hilvanarse en el tejido histórico revelan mucho de lo que fue El Salvador, de lo que es El Salvador y de lo que proyectivamente podría ser El Salvador. Al ver el fenómeno en perspectiva, lo primero que se manifiesta es la secuencia ordenada de los sucesos, como si una mano consciente los hubiera ido poniendo en línea. Nada es casual, todo es secuencial.

Pero también hay situaciones que parecieran responder a una voluntad que no es posible precisar como tal, y que cualquiera pudiera calificar de providencial. En lo que se refiere al desenlace de nuestra guerra interna no me canso de recordar el año 1989 como uno de esos recintos temporales en los que se juntan signos que parecen tener sentido enlazado. Hagamos memoria.

Comenzó aquel año con la llegada a la Presidencia estadounidense de George Bush padre, que estaba mucho más anuente a una solución política de nuestro conflicto, en contraste con Ronald Reagan. En marzo ganó la Presidencia de El Salvador Alfredo Cristiani, quien, contra todos los pronósticos convencionales, se erigió en líder de la solución política. En mayo se dieron los violentos sucesos de la Plaza de Tiananmén, en Pekín, que indicaron que algo se estaba moviendo en aquel mundo presumiblemente inmóvil. El 1 de junio tomó posesión Cristiani, lanzando ese mismo día la oferta del diálogo negociador. Comenzaron los encuentros directos el 13 de septiembre, en la capital mexicana. El 10 de noviembre cayó el Muro de Berlín, como si se lo hubiera chupado la bruja. El 11 de noviembre el FMLN lanzó su Ofensiva hasta el Tope, cuyo desenlace unas semanas después dejaría a ambas fuerzas militares muy debilitadas por diversas razones…

Los guerreros tuvieron que resignarse a buscar solución definitiva por encima de las armas. Y es que detrás de toda aquella lucha, que parecía ser un contrapunto violento de ideologías llevadas al límite, estaba el fenómeno de la división nacional tradidicional, que no se podía trascender haciendo más división, que es lo que hubiera traído la solución militar. No es de extrañar, entonces, que una de las transiciones insoslayables en esta etapa de posguerra haya sido y siga siendo pasar de ser sociedad dividida hasta llegar a ser sociedad integrada. Dicha integración no significa, desde luego entrar en una uniformidad irreal, porque toda sociedad es diversa y plural por naturaleza: se trata de que la diversidad se maneje inteligentemente y de que la pluralidad funcione armoniosamente.

En el país no se ha hecho ningún análisis verdaderamente comprensivo de todo lo que se dio en aquel momento, y por consiguiente no hay pistas orientadoras sobre lo que podríamos aprender al respecto. Pero lo cierto es que lo que ahora vivimos depende en gran medida de lo que se dio entonces. Salgamos, pues, de la trampa de creer que el pasado se quedó colgado en su percha, cuando la experiencia demuestra todo lo contrario. El país no es una colección de imágenes fijas sino un video de continuidad permanente, y en tanto más fielmente lo interpretemos tal cual es mayores posibilidades habrá de encontrarle sentido al proceso evolutivo en esta etapa del mismo que nos toca vivir.

Si los salvadoreños fuimos capaces de entendernos en medio de la guerra no hay ninguna razón que nos impida hacerlo hoy. Si fuimos capaces de poner las diferencias en balance, por profundas que fueran, ¿por qué no habríamos de conseguirlo en la actualidad? Si concluido el conflicto no volvió a sonar ni un solo disparo de la lucha no puede existir impedimento para que nos movamos en paz. Si la conflictividad real se desactivó, ¿a cuenta de qué va a mantenerse en pie la conflictividad artificial? Todo es cuestión de animarse a leer en clave ilustrativa los mensajes del pasado, para evitar lo negativo y potenciar lo positivo.

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