Lo más visto

Las organizaciones partidarias están hoy más que nunca de cara al desafío de su renovación interna

Cuando se habla de los partidos políticos en El Salvador hay que partir de la consideración de dos realidades sucesivas en el tiempo, ambas con significativa incidencia en lo que se ha venido viviendo en las etapas subsiguientes.
Enlace copiado
Las organizaciones partidarias están hoy más que nunca de cara al desafío de su renovación interna

Las organizaciones partidarias están hoy más que nunca de cara al desafío de su renovación interna

Las organizaciones partidarias están hoy más que nunca de cara al desafío de su renovación interna

Las organizaciones partidarias están hoy más que nunca de cara al desafío de su renovación interna

Enlace copiado
La primera de dichas realidades se dio durante la larga época anterior a los albores del conflicto bélico, y en la cual no hubo partidos en el auténtico sentido de la palabra: era el poder crudo moviendo sus piezas conforme a los intereses prevalecientes y fingiendo formaciones partidarias sin verdadera condición de tales, lo cual duró hasta comienzos de la década de los 60 del pasado siglo, cuando surgió la Democracia Cristiana como el primer partido con perfiles propios y capacidad competitiva; la segunda de dichas realidades inició entonces y constituyó una especie de tránsito traumático hasta que el sistema autoritario mostró signos de inviabilidad irreversible allá en 1979, y comenzó a instalarse inevitablemente la metodología democrática; la tercera fase arrancó en ese momento y se extendió hasta 1992, cuando el Acuerdo de Paz habilitó el escenario político en el que todas las fuerzas, sin distingo ideológico alguno, pudieron incorporarse a la competencia normal; el cuarto período se viene desenvolviendo a partir de dicho Acuerdo, y es lo que podemos llamar democratización abierta y en clave de futuro.

Transcurridos 24 años de posguerra, lo que en primer lugar queda a la vista es que la irreversibilidad de la democracia en nuestro ambiente ya no es cuestionable. Hay aún mucho escepticismo sobre el desenvolvimiento de nuestra vida política, pero las estructuras básicas de la misma muestran una solidez que hay que preservar y garantizar a toda costa. Esto no quiere decir que se haya cumplido el trabajo a plenitud, en lo que a configuración del sistema partidario se refiere, pues queda mucho de eso que se ha dado en llamar partidocracia, y también sobreviven actitudes y prácticas al viejo estilo; pero lo que queremos destacar al hacer referencia a la solidez estructural es que no hay ningún viso de quebranto mayor del sistema: por el contrario, lo que la ciudadanía demanda a cada paso es que los que están se eduquen y se perfeccionen en función de una democracia más clara y funcional.

Lo anterior hace que los partidos ya no estén instalados en la comodidad descuidada que les fue posible por largo tiempo: hoy les surgen a diario demandas provenientes tanto de la evolución natural del proceso como de la creciente conciencia ciudadana para que haya una modernización en serio de las posiciones y de las estructuras. Las posiciones dependen de los idearios básicos y las estructuras derivan de las libertades internas. Esto implica que los viejos idearios, tan entroncados en los extremismos de la guerra, ya no son viables; y que las libertades internas deben ser potenciadas para asegurar la fluidez de la participación en todos los niveles. En dos palabras, lo que se necesita son innovaciones constantes.

Hay que subrayar un punto que es de la mayor importancia: la ciudadanía quiere renovación sin quiebre de lo que existe, específicamente en lo que toca a las dos fuerzas partidarias principales, que vienen siéndolo desde el primer momento de la posguerra. Lo curioso es que las fuerzas aludidas no parecen darse cuenta del encargo histórico que la realidad del proceso les ha otorgado, y por eso siguen en un dime que te diré que no conduce a ninguna parte y que incumple el mandato del soberano popular.

Lo que la ciudadanía espera es que las dos fuerzas que nacieron enfrentadas en calidad de enemigas allá a comienzos de los años 80 del pasado siglo asuman el rol moderado que les compete en esta nueva era en la que ya no hay enemigos sino contendientes. ¿Se animarán a corresponderle al mandato popular, que está mucho más allá de las neuras que condicionan a las respectivas “alas duras”? Hay que salir de las trampas históricas, para animarse a corresponderle a la creatividad del proceso. Ahí está la clave del éxito en perspectiva de futuro.

Tags:

  • politica
  • institucionalidad
  • partidos politicos

Lee también

Comentarios