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Las palabras resonaron fuertemente en las conciencias

Muchos de los comentarios de los funcionarios que se consideran agraviados por el contenido de la celebración eclesiástica aluden a una iglesia que no es como la que ellos quieren, muda, acomodaticia, anclada en ritos y santos de papel; si algo es incómodo para quienes detentan o persiguen alguna suerte de control social, una iglesia vigorosa, lúcida y humanista hasta los tuétanos será siempre un dolor y un problema.

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El sermón del cardenal Gregorio Rosa Chávez en la misa solemne de beatificación de Rutilio Grande, Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus ha resonado de manera inevitable entre las filas del oficialismo. Y es una buena señal, porque el camino hacia la reflexión y la autocrítica comienza muchas veces en la incomodidad del que se siente aludido.

No fue un discurso ideológico pese a que desde la tribuna propagandística del gobierno se pretenda contaminar la actuación hoy del cardenal y antes suyo la de otros líderes espirituales de diferentes denominaciones acusándoles de "politizar" la fe y a la Iglesia. Es una reacción inevitable cuando se habla del poder desde el cristianismo, y más aún al rendirle homenaje a laicos y religiosos asesinados.

Cuando Rosa Chávez dice que "en la persona de los mártires, Dios ha reivindicado a todas las víctimas inocentes ofrecidas en el sacrílego altar del poder y del dinero", está refiriéndose a la comunidad popular, campesina, obrera, estudiantil y organizada reprimida violentamente durante la dictadura militar y el conflicto armado, pero lo poco que han cambiado las relaciones entre Estado, gobierno y nación en perjuicio de la población deja colgados al final de ese denuncia unos puntos suspensivos que no son fáciles de soportar cuando se detenta alguna clase de poder.

Muchos de los comentarios de los funcionarios que se consideran agraviados por el contenido de la celebración eclesiástica aluden a una Iglesia que no es como la que ellos quieren, muda, acomodaticia, anclada en ritos y santos de papel; si algo es incómodo para quienes detentan o persiguen alguna suerte de control social, una Iglesia vigorosa, lúcida y humanista hasta los tuétanos será siempre un dolor y un problema.

A favor de los críticos del sermón, es pertinente aventurar que no es un asunto teológico. La virulencia de la reacción de algunos de ellos no tiene nada que ver con sus creencias sino con la fragilidad de la posición en la que el gobierno ha iniciado el año, la intolerancia del régimen al disenso ya por todos conocida y el malestar que las manifestaciones populares generan en el gobierno, ilustrado mejor que nadie por el presidente de la República.

Detrás de esa fragilidad en los genes del régimen, la que lo pone a la defensiva ante todo lo que no sean la narrativa propagandística y las mentiras que de tan repetidas ya no granjean la misma reacción que hace dos años, yace la conciencia de la propia improvisación y la desesperación ante un escenario que se constriñe en su contra, especialmente en lo financiero. Son malas noticias porque si uno de los reflejos de la administración Bukele es reaccionar malamente ante el fracaso radicalizando su intolerancia, tendremos mucha crispación este año.

Sea o no que el gobierno exhiba más matonería ante las voces que le critican y que le urgen a cambiar de rumbo, el ejemplo de los nuevos beatos del catolicismo y de los mejores hombres que han nutrido la historia de la Iglesia es el de no cejar ni ahorrarse ningún esfuerzo hasta que la persona humana sea el centro de la actividad del Estado. Y confiar en que los hombres y las mujeres dedicados al servicio público y a la política se conmuevan ante el mensaje humanizador y el clamor de armonía y paz que viene desde la población.

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Tags:

  • Gregorio Rosa Chávez
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