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Las peligrosas rebeliones regresivas en un mundo que se caracteriza por las aperturas indetenibles

En El Salvador, afortunadamente, la democracia alternante está haciendo su trabajo, aunque sea con los tropiezos y desatinos que genera la inmadurez del electo político en acción.
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Las peligrosas rebeliones regresivas en un mundo que se caracteriza por las aperturas indetenibles

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Estamos sin duda, como se constata en la experiencia cotidiana que se vive en el escenario global, en una era sin precedentes, que arrancó allá en 1989, cuando la bipolaridad de las grandes potencias colapsó de repente, y que aún no parece haber hallado las rutas seguras de su propia evolución. Es claro que el forcejeo ideológico excluyente generó durante largo tiempo la impresión de que tal situación sería de duración indefinida, con el mundo dividido en dos campos enemigos que sin embargo habían logrado un equilibrio muy favorable a sus respectivos intereses; y las ideologías contrapuestas eran simplemente las herramientas para mantener el statu quo. Eso se acabó, y vino esta época en que lo imperante es la llamada multipolaridad, en la que nadie tiene controles absolutos.

Pero cuando cambia la realidad básica con la intensidad que se está viviendo en este momento, las reacciones autodefensivas tienden a proliferar, con el ingenuo impulso de volver a lo que ya no existe ni puede seguir existiendo como tal. Dicha ingenuidad adquiere dimensiones de alto riesgo cuando lo que está en juego son las dinámicas del poder, sobre todo en los niveles más significativos de éste. Dos ejemplos muy actuales pueden mencionarse al respecto: la abrupta salida del Reino Unido de la Unión Europea y el triunfo electoral del candidato republicano Donald Trump en las presidenciales estadounidenses. En ambos casos lo que se denota es la beligerante resistencia a reconocer lo que es el mundo actual, en el que cualquier tipo de aislamiento autodefensivo carece de viabilidad y en el que lo que se impone es adaptarse creativamente a las exigencias y a las oportunidades de una mundialización cada vez más abierta y decisiva.

Sobre todo aquellos países que lograron establecer formas y mecanismos de grandeza que han tenido extraordinarias irradiaciones a lo largo del tiempo tienen hoy la responsabilidad de hacerse sentir como ejemplos de lo que es ser grande en un mundo multifacético y multipolar. El querer volver mecánicamente a las formas de grandeza del pasado es una ilusión de alto riesgo que choca de inmediato con las estructuras actuales de la realidad. Recuérdese siempre que si algo se acaba imponiendo en cualquier circunstancia es la realidad en vivo. Los que quieren pasar por encima de ella terminan atrapados entre las consecuencias de su absurda intrepidez. Y lo más revelador es que sea en el mundo orgullosamente llamado desarrollado donde se están viendo en estos días las más notorias rebeliones a las que hacemos referencia.

Lo que con más insistencia surge como pregunta inquietante y aun angustiosa es: ¿Hacia dónde podrán llevar reacciones impulsivas como las que se presentan en el atribulado escenario global? De seguro no hacia lo que se proponen los que las impulsan, porque la lógica histórica no se puede retorcer al antojo de los insatisfechos de la índole que fueren. Ya lo iremos viendo, por ejemplo, en lo tocante a la gestión Trump, que desde luego casi no podrá hacer nada de lo que con tanto garbo retador enunció y anunció en la campaña, porque una cosa es la retórica y otra muy distinta son los hechos; esto no tiene vuelta de hoja, aunque siempre se corre el peligro de que las intentonas puestas en marcha produzcan efectos muy negativos y desestabilizadores. Y además hay que tener presente que Estados Unidos cuenta con una institucionalidad verdaderamente funcional de larga data, que no depende de caprichos de ninguna índole. Sin embargo, hay que mantener el ojo sobre lo que pasa o puede pasar, porque siempre hay rendijas por donde podría colarse lo imprevisible. Es cierto que, en términos amplios, también inciden en este fenómeno factores como el desencanto ciudadano frente a las gestiones fallidas de las estructuras gubernamentales tradicionales y ansiedades reactivas como las que producen inmigraciones torrentosas al estilo de las que se están dando en Europa; pero en todo caso los argumentos emocionalmente regresivos y fantasiosamente irrealizables se hallan en la base de lo que estamos viendo y experimentando por doquier.

En El Salvador, afortunadamente, la democracia alternante está haciendo su trabajo, aunque sea con los tropiezos y desatinos que genera la inmadurez del electo político en acción. No quiere decir que las tentaciones regresivas hayan desaparecido del todo, pero al menos nadie parece habilitado para enarbolarlas de manera compulsiva. Más bien todos –cualquiera que sea el tinte ideológico– van reconociendo que la competencia es la única fórmula para seguir adelante. Agradezcamos que esto sea así, y pongamos lo pertinente para evitar rupturas absurdas.

Tags:

  • democracia
  • politica
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