Las personas “tapacalles” y “cuellos de botella”

Amanece. Son las 6 de la mañana y vamos mi familia y yo camino a los centros de estudio. A esa hora ya hay tráfico.
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Las personas “tapacalles” y “cuellos de botella”

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El problema empieza a las 7:30 de la mañana, cuando la gente ya anda “encendida” y sin más inicia los atropellos verbales y las trabazones con los carros. Todas las personas que vamos en auto o en bus hemos sufrido más de una vez todo esto.

San Salvador presenta dos escenarios a todas horas del día. El primero con “los expertos tapacalles” que causan y gozan el daño para que otros vehículos no pasen. A estos sujetos no les importa que los semáforos cambien de colores ni que otras personas tengan derecho de vía o haya agentes del orden. Y el otro son las personas que quedan atrapadas entre el tráfico por el mal estado de los semáforos. Ellas se transforman de presuntos “cuellos de botella” a víctimas de otras personas que los insultan y amenazan.

Hace algunos días una amiga me contó su experiencia en una bocacalle donde quedó atrapada y, como no podía quitarse, otro automovilista optó por pitar sin parar. Ella subió el vidrio y entonces él se bajó de su carro y fue directamente a ella, golpeó con el puño el vidrio y para cerrar en su “carro de acero” empujó a la fuerza el vehículo de mi amiga, sin importarle los daños.

¿Qué nos está pasando?

Al comparar estas situaciones con un video que corre en internet sobre un hombre que juega tranquilamente con un león y una leona en pleno prado, vemos cómo en este sujeto existe un lazo de hermandad, respeto y orden con los animales y viceversa. Pues bien, esos valores son precisamente los que hemos perdido entre los seres humanos.

Si bien es importante colocar a los agentes de Tránsito a facilitar el tráfico vehicular o arreglar los semáforos y las calles o avenidas, lo es todavía más educar a todas las personas en valores humanos.

Podemos remitirnos y leer el Reglamento de Tránsito y Seguridad Vial para darnos cuenta de que en El Salvador no se cumplen sus disposiciones. Por ejemplo, en la alameda Juan Pablo II muchas veces hemos sido testigos de las maniobras de carga y descarga en horas de gran tráfico de vehículos, otras veces en áreas de ventas de materiales de construcción vemos vehículos que transportan sustancias en polvo u otros materiales sin cubierta protectora.

¿Cuántas personas no hemos visto camiones con objetos malolientes o repugnantes a la vista sin cobertura? Y sin ir lejos, vemos a diario buses con pasajeros en las escaleras, puertas, parrillas o colgados en el exterior; buses con las puertas abiertas y el vehículo en movimiento, arrancando o deteniendo su marcha cuando aún hay pasajeros que desean subir o bajar del bus, mientras los otros conductores o peatones nos morimos día a día con el humo negro de sus escapes.

Se ha olvidado por completo conducir siempre por la derecha de la vía, ceder el paso, respetar y ceder el paso siempre que llegue a una señal de alto, ceder el paso a entierros, procesiones y otros; todo lo contrario, les pitan y casi les echan el vehículo encima. Se ha olvidado el respeto en las bocacalles.

Este martirio del diario vivir intentando conducir en medio de tantos “tapacalles” y “cuellos de botella” nos enseña que el problema no es principalmente el semáforo en mal estado, sino la actitud frente al problema.

¡Generemos un cambio: respetemos para que nos respeten!

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