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Las primeras señales en el tema de la seguridad están creando expectativas positivas, y eso hay que consolidarlo

Habría que desplegar, cuanto antes, una estrategia que trascienda las palabras y pase a las concreciones. Sólo de esa manera se podrá darles sustento firme a las iniciativas que ya se están desarrollando.

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Desde el inicio de la actual Administración, que sólo lleva 42 días de estar en funciones, se ha emprendido una dinámica de lucha contra el crimen, específicamente en lo que se refiere a la territorialización del mismo. Los salvadoreños que viven y trabajan en las más diversas comunidades padecen a diario los efectos depredadores de dicha territorialización, y por eso activar un esfuerzo verdaderamente efectivo para revertir la situación imperante constituye no sólo una demanda cada vez más intensa sino también un desafío práctico de la mayor significación, para el sistema y para la gente.

Hay dos cuestiones que son de la más alta relevancia para garantizar que este esfuerzo emprendido pueda sostenerse en el tiempo y a la vez irse perfilando en los hechos con auténtica posibilidad de incidencia y de pertinencia. Esas dos cuestiones son: planificación articulada y progresiva y financiamiento estable y seguro. En ambos sentidos habría que desplegar, cuanto antes, una estrategia que trascienda las palabras y pase a las concreciones. Sólo de esa manera se podrá darles sustento firme a las iniciativas que ya se están desarrollando.

En su primer mensaje por cadena nacional, el actual Presidente de la República ha enfatizado la necesidad de que se den los apoyos efectivos en el ámbito financiero, lo cual implica mover voluntades políticas en esa línea, que tendrán que concretarse principalmente en decisiones legislativas. Es por ello que, desde antes de que se iniciara la gestión presente, y desde luego ya cuando ésta emprendió su marcha, hemos venido insistiendo en la necesidad imperiosa e impostergable de que se empiecen a dar señales en la línea de los consensos políticos. Esto no es opcional, y por ende constituye función de todos. Y en tal sentido, tanto los que están en el Gobierno como los que están en la oposición deben asumir sus respectivas responsabilidades, con propósito de país y por encima de cualquier rencilla, fijación o señalamiento.

Es evidente que una tarea tan compleja y diversificada como la que corresponde a la recuperación progresiva de la seguridad en el terreno exige gran claridad de objetivos y de metas y una sustentabilidad financiera que corresponda a la naturaleza de dicha tarea. Según ha manifestado el gobernante, sólo las primeras tres fases del Plan Control Territorial costarán 575 millones de dólares; y esto desde luego sólo es un cálculo de entrada, porque sin duda habrá que garantizar la sostenibilidad en el tiempo de todas y cada una de las iniciativas que se vayan poniendo en práctica. Desde ya se tendrán que establecer los entendimientos necesarios para que todo eso pueda llevarse a cabo indefinidamente.

La misma fuerza de los hechos ha venido poniendo en claro que persistir en la dispersión de acciones y de medidas es, en definitiva, perder el tiempo, desperdiciar las oportunidades y dilapidar los recursos. Hay que definir una línea en la que coincidan la coherencia y la eficiencia. Sólo así habrá éxito de veras.

El país necesita, con el máximo apremio, entrar al rumbo correcto, en éste como en todos los grandes temas pendientes. Nadie puede quedar fuera de tal desafío.
 

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