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Las propuestas de los aspirantes a la Presidencia de la República deben ser realistas en todos los sentidos

Porque algo que también está apareciendo con creciente evidencia es el tema de la rendición de cuentas, que aunque aún no sea caracterizado como tal en el manejo de las diversas opiniones circulantes, se está haciendo sentir en el reclamo ciudadano.
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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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En todas partes del mundo las campañas electorales para llegar a ocupar las posiciones superiores en la conducción nacional tienden a volverse torneos de habilidad histriónica, en los que se ponen en práctica todo tipo de malabarismos verbales y actitudinales para lograr la atención y desde ahí ir acumulando apoyos. Esta forma de manejar las cosas no va a cambiar en lo básico, porque cuando hay un escenario abierto y una competencia en vivo no es posible evitar que las acciones dramáticas se pongan en juego; pero lo que no se tendría que perder de vista es que la vida real también tiene su lógica propia, y que en el caso de la política dicha lógica está dirigida a conducir situaciones muy concretas.En la elección presidencial de 2019, como se ha venido haciendo evidente desde mucho antes de que comenzara la campaña en el terreno, las condiciones que se le presentan progresivamente al proceso nacional están en un punto decisivo como no se vio en las elecciones de los períodos anteriores, y esto debe ser tomado en forma responsable al máximo por todas las fuerzas y personalidades en contienda. ¿Y cuál es, entonces, la diferencia principal? El rol día a día más consciente que está jugando la ciudadanía, que es cada vez menos una presencia simplemente receptiva y cada vez más una entidad dinámicamente participativa. Al ser así, lo que ocupa el primer plano es la demanda de soluciones, en contraste con lo que antes predominaba: el acomodo a cualquier tipo de proposiciones.

Y cuando se habla de soluciones, en el plano de asumirlas como propósito orientador de la gestión por venir, de inmediato se arriba a la necesidad imperiosa de captar cómo son los problemas actuales y cómo serían las respuestas pertinentes para los mismos. Pongamos como ejemplo el problema de la inseguridad ciudadana que nos agobia. Para encararla, hay que entenderla a fondo y a plenitud. Es un trastorno estructural con profundas raíces sociales, morales y económicas. Y a estas alturas hay que lidiar con un choque de poderes en el terreno, porque el crimen organizado ya asumió tal condición. Una vez completado el diagnóstico deben venir los tratamientos que lo abarquen todo. Eso es lo que tendrían que presentar, en forma razonada y sintética, los que aspiren a convencernos de su idoneidad y de su capacidad. No promesas dispersas sino propuestas realistas.

En la etapa de definición de candidaturas, que se encuentra ya en su recta final, podía entenderse que predominaran hacia la ciudadanía los gestos amables y las declaraciones animosas; pero cuando viene la etapa de competir de veras entre los que van a medirse en las urnas, lo que tendría que imperar en las posiciones y en los debates es el despliegue de lo concreto, que pueda ser después verificable. Porque algo que también está apareciendo con creciente evidencia es el tema de la rendición de cuentas, que aunque aún no sea caracterizado como tal en el manejo de las diversas opiniones circulantes, se está haciendo sentir en el reclamo ciudadano. Por eso sería muy atinado que los candidatos no sólo precisaran lo que van a hacer sino que especificaran cómo van a hacerlo y cuándo van a hacerlo. Dice la sabiduría popular que de prometer nadie se queda pobre, y por eso las meras promesas con facilidad se las lleva el viento, a costa de quien las hizo sin honrarlas.

El realismo es factor verdaderamente determinante para hacer que las acciones empalmen con las realidades. Y el realismo tiende a ir siempre de la mano con la responsabilidad. Realismo responsable y responsabilidad realista forman una alianza virtuosa que permite trazar hojas de ruta efectivamente conducentes, que es la que nuestra realidad está reclamando en altas voces.

Como es previsible, la ciudadanía nacional estará muy atenta al desenvolvimiento de esta campaña, y no por motivaciones ideológicas excluyentes sino por expectativas de progreso generalizado. Para los partidos y para los candidatos este es un momento de prueba superior, y de la forma en que resulten evaluados y calificados depende lo que puedan esperar de lo que venga.

El tiempo va acelerándose a diario, y no hay que perder ni un minuto. La disciplina creadora hay que ponerla en marcha ya. Y si todos se posesionan de ese reto tendremos una contienda que hará historia.

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