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Las proteínas necesarias para el desorden

Era un sábado por la tarde, hace más de un año, en el monumento a la Constitución. Miles de “likes” y apoyo se fraguaba en redes sociales para la no reelección del exfiscal Luis Martínez (primer ex fiscal general de la República tras las rejas en la historia de El Salvador). Muchos no sabían por qué se pedía la no reelección, salvo que muchos estaban mintiendo. La indignación nacional en contra de la corrupción crecía.
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Llegó la hora. Con algo de temor nos paramos nueve personas ese día allí. Con rótulos en mano veíamos a los carros pasar. Muchos saludaban desde sus ventanas en señal de aprobación. Al final un par de horas después, nos retiramos. Cuando regresábamos mi padre me preguntó: “Hijo, ¿dónde están los demás? ¿Valió la pena haber venido?” Mi respuesta fue: Sí, porque si perdemos ante la lucha en contra de la corrupción, por lo menos podré decirle a mis hijos que intenté hacer algo, por poco que parezca.

Como activista, he aprendido más del funcionamiento del cerebro que en mi especialidad como neurocirujano. Lo primero es que se necesitan proteínas en la dieta para cambiar el orden, las proteínas permiten que pensemos sobre cosas bizarras como la justicia social, es el lujo de tenerlas, lo cual permite pasar del pensamiento a la acción. En países pobres existen dos sociedades civiles, la especializada y la no especializada, esta última es la más grande y no tiene acceso frecuente a proteínas. Generalmente la especializada suele explotar a la otra y es responsable de corromper y ser corrupta. Si has leído hasta este punto tú eres parte de la especializada, fuera de lo malo que mencioné, también tiene un gran potencial y es el de alterar el orden.

En el orden clásico de El Salvador, la impunidad era la regla y no la excepción, “la regla de oro” y su interpretación salvadoreña era: “el que tenga el oro que ponga las reglas”. En este orden, estructuras partidarias aún no obedecen a los intereses del pueblo, sino a poderes fácticos nacionales, internacionales, legales o ilegales que ponen la plata para las elecciones.

Muchos hacen la pregunta: ¿A dónde se va la dinero? Bueno, si tuviéramos una Corte de Cuentas independiente lo supiéramos, pero yo me atrevo a pensar que como cualquier otra deuda, la plata se va a pagar a los financistas que tienen en el poder a los partidos políticos, especialmente al Gobierno. Sin embargo, una parte de la sociedad civil especializada está tratando de cambiar el “orden”, de cambiar el sistema y a la clase política decadente, un reseteo, un ajuste a la brújula no ideológica sino moral, la cultura está cambiando y allí nace la esperanza.

Aprendí hasta hace muy poco que la democracia se fortalece cuando la sociedad civil exige sus derechos. Los que no quieren entender esto llaman a este pequeño grupo de la población “golpistas” o “francotiradores”.

En los próximos seis meses veremos un “desorden” en donde nadie esté por encima de la ley, en donde los encargados de administrar justicia actúen con ética y valentía. Yo no tengo problema con irme a parar con otros cinco pelones a una manifestación pacífica, pero el cambio del orden político no será tuiteado y no pasará en Facebook, sino que será por medio de la exigencia ciudadana de nuestros derechos. Los que tengan acceso a las proteínas den un paso al frente, las futuras generaciones de salvadoreños lo agradecerán.
 

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