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Las relaciones abusivas siempre traen un mal final

Dos casos que me han impresionado la semana pasada son en los que dos mujeres fueron quemadas por sus parejas, en un acto de intolerancia y venganza inconcebible.
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No importa las razones que tuvieron estos hombres para tomar esta terrible acción. No hay nada que justifique una agresión de este tipo.

Ayer se conoció que una de ellas murió, luego de permanecer varios días internada en un hospital.

La víctima sufrió quemaduras en un 94 % del cuerpo. Para lograr hacer un daño más grande, su pareja la roció con gasolina.

Entonces surge la pregunta sobre cómo una persona se queda tanto tiempo con alguien que puede llegar a ese punto. Cómo permitimos que una relación se deteriore tanto para que lleguen a esta agresión.

En columnas pasadas he escrito sobre la necesidad que tenemos, las mujeres sobre todo, de reconocer cuando se está en una relación abusiva.

Y cómo es importante tener una red de soporte que permita tomar decisiones acertadas y valientes alrededor de este tipo de relaciones.

Es una pena escuchar a la mamá de la mujer por la que hoy escribo, decir que esta no era la primera vez que recibía maltratos. Qué faltó alrededor de ella como para prevenir que su pareja terminara agrediéndole de esta manera.

Las quemaduras son frecuentemente usadas en Oriente Medio como una forma de agresión, para minimizar a las mujeres, para humillarlas y mantenerlas en el sometimiento. En esa zona, lo normal es que el atentado sea contra su rostro, con la idea de que nadie más se fije en ellas. Lo mismo ocurre en este caso, es una de las peores agresiones contra una mujer, y en general contra un ser humano.

El acusado en este caso fue detenido por la Policía Nacional Civil (PNC), el mismo día, en flagrancia. Mientras su víctima permanecía amarrada a un sofá, con quemaduras de tercer grado, en cuello, brazos y piernas.

Estos casos deberían, al menos, hacer recapacitar a otras mujeres sobre el tipo de relación que tienen.

Las mujeres que se mueven en medio del círculo de violencia no creen que su pareja vaya a ser capaz de hacerles un daño mayor que las lleve a la muerte. Pero también es cierto que, normalmente, sí son capaces. Son hombres a quienes la ira los ciega, y que cuando cometen la agresión actúan por un impulso que no pueden medir. Y eso, por supuesto, no es una justificación.

Si la pareja golpea una vez, volverá a golpear. Igual pasa con las agresiones psicológicas, los gritos, las humillaciones, la falta de apoyo. Todas son acciones que se repiten de manera cíclica. Luego vendrá el perdón, el arrepentimiento, algunos días de paz. Pero la agresión siempre, siempre, volverá.

Una pareja que vive bajo este parámetro no tiene una relación normal ni sana. Una que debe abandonar o denunciar, según sea el caso.

Ojalá y cada vez más mujeres puedan empoderarse y tomar la decisión de seguir solas, sin miedo a las dificultades económicas, sin miedo a la soledad, sin miedo al “qué dirán”. Lo que a mujeres y hombres en general no se nos puede olvidar es que primero estamos nosotros como individuos. No podemos dar nada bueno a otros, ni amor, ni apoyo, ni compañía, ni un modelo de vida (en el caso de los hijos) si no comenzamos por nosotros mismos.

Tags:

  • violencia
  • mujeres
  • intolerancia
  • abuso

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