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Las tentaciones

“Tantos corruptos, tantos “peces gordos” corruptos que hay en el mundo de los cuales conocemos la vida por los periódicos: quizás hayan comenzado con una pequeña cosa...”
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Rutilio Silvestri / rsilvestrir@gmail.com  /  Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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“En la debilidad de las tentaciones, que todos tenemos, la gracia de Jesús nos ayuda a no escondernos del Señor, sino a pedir perdón para levantarnos e ir adelante”, afirmó el papa Francisco en una de sus homilías. “Con Satanás no se dialoga, porque se termina en el pecado, en la culpa y en la corrupción. Lo que hay que hacer es seguir la Palabra de Dios”.

Las tentaciones llevan a huir del Señor, permaneciendo con nuestra culpa, con nuestro pecado, con nuestra corrupción, el que se hizo ver en forma de serpiente. Es atrayente y con su astucia trata de engañar, es un especialista, es el padre de la mentira, es un mentiroso. Sabe cómo engañar y cómo estafar a la gente. Lo hizo con Eva: la hace sentir bien y así comienza el diálogo y paso tras paso, Satanás la conduce hacia donde él quiere.

En cambio con Jesús es diferente, para el diablo, termina mal: trata de dialogar con Cristo, porque cuando el diablo enreda a una persona lo hace con el diálogo, trata de engañarlo, pero Jesús no cede. Y el diablo se revela por lo que es, pero Jesús da una respuesta que es la Palabra de Dios, porque con el diablo no se puede dialogar, de lo contrario se termina como Adán y Eva, desnudos, avergonzados.

El diablo es un mal pagador, ¡no paga bien! ¡Es un estafador! Te promete todo y te deja desnudo. También Jesús terminó desnudo, pero en la Cruz, por obediencia al Padre. Otro camino... La serpiente, el diablo es astuto: no se puede dialogar con el diablo. Todos nosotros sabemos lo que son las tentaciones, todos lo sabemos, porque todos las tenemos. Tantas tentaciones de vanidad, de soberbia, de avidez, de avaricia, de lujuria...

Hoy se habla tanto de corrupción. Y también por esto se debe pedir ayuda al Señor:

Tantos corruptos, tantos “peces gordos” corruptos que hay en el mundo de los cuales conocemos la vida por los periódicos: quizás hayan comenzado con una pequeña cosa; por ejemplo por no ajustar bien el balance. Y aquello que era un kilo, no, lo hagamos de 900 gramos, haciéndolo parecer un kilo.

La corrupción comienza con poco, como esto, con el diálogo: Pero no, “¡no es verdad que te hará mal este fruto! ¡Cómelo, es bueno!, dijo la serpiente a Eva. Es poca cosa, nadie se da cuenta. ¡Hazlo, hazlo!” Y poco a poco, poco a poco, se cae en el pecado grave, se cae en la corrupción.

De modo que hay que tener los ojos bien abiertos, y debemos pedir ayuda al Señor porque solos no podemos. Adán y Eva se esconden del Señor. En cambio, se necesita la gracia de Jesús para volver y pedir perdón.

En la tentación no se dialoga, se reza. Debemos decir: Ayúdame, Señor, soy débil. No quiero esconderme de ti. Cuando tú comienzas a dialogar terminarás vencido, derrotado.

Que el Señor nos dé la gracia y nos acompañe. Y si somos engañados por nuestra debilidad en la tentación, que nos ayude a levantarnos y acudir a la Confesión, bien preparados.

Acudamos también a Nuestra Madre la Virgen que está dispuesta a socorrernos, siempre que se lo pidamos con humildad.

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