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Las transformaciones de la vejez

Con el correr del tiempo, todas las personas sufrimos algún tipo de metamorfosis cuando empezamos a envejecer, que en algunas ocasiones nos puede ocasionar cierta incomodidad, pero que con el tiempo nos adaptamos a ella.
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Nos preocupamos cuando aparecen las primeras canas, las primeras arrugas en la piel, las deformaciones en nuestras articulaciones, que no nos permiten caminar con la facilidad con que lo hacíamos cuando éramos jóvenes. Sin embargo, la clave para superar las crisis que trae consigo la vejez es aceptar que ya no somos jóvenes, y que con la vejez vienen quebrantos de salud.

Es difícil hablar del término metamorfosis, sin que hagamos una rememoración de la obra “La metamorfosis” de Franz Kafka, publicada en 1915, que posiblemente muchos leyeron cuando eran estudiantes, ya que en ella el autor hace el relato de la transformación física que sufre de un día para otro Gregorio Samsa –protagonista de la obra– al convertirse en un repulsivo insecto, habiendo sido antes del cambio un joven normal, dedicado a su trabajo y a su familia. Después de padecer todo tipo de sufrimientos confinado en su cuarto donde permanecía escondido debajo de un sillón por su horrible apariencia física, y padeciendo además el desprecio de todos sus familiares más cercanos, es encontrado muerto una mañana por la sirvienta que hacía el aseo de su cuarto.

En la vida real también existen innumerables casos de personas que por diferentes motivos sufren transformaciones en sus vidas que los condenan a vivir confinados a una silla de ruedas por padecer de alguna enfermedad neurológica o haber sufrido un grave accidente. Otros sufren transformaciones en su mente, cuando a cierta edad padecen del mal de Alzheimer que les borra la mayor parte de sus recuerdos.

Pero gracias a Dios, muchos de estos pacientes tienen la suerte de tener el apoyo de sus hijos que además de prodigarles cariño les proporcionan el cuido y todo lo relacionado con sus medicamentos para tratar de superar la crisis.

Es incuestionable que la parte espiritual y moral de las personas también están sujetas a cambios y grandes transformaciones tanto en lo positivo como en lo negativo. Dependiendo de los estímulos afectivos y culturales que se proporcione a los niños desde temprana edad en el hogar y luego en la escuela, así serán los efectos positivos que se producirán en sus vidas.

Es evidente que el deterioro del tejido social que padecemos hoy día es precisamente el resultado de no haber atendido estos aspectos en los jóvenes que hoy se dedican a delinquir.

Pero aunque parezca un sueño, los salvadoreños siempre mantenemos la esperanza de que en nuestro país las cosas podrían cambiar, si existiera el consenso y la voluntad en trabajar por los niños y jóvenes que se encuentran en situación de riesgo, quienes por su situación de pobreza son proclives a involucrarse en actividades delictivas, si no se les tiende la mano para sacarlos antes de que sea demasiado tarde, del cieno en que se encuentran.

La situación delictiva en el país cada día va tomando dimensiones incontrolables sin que se vislumbre que esta sea resuelta en breve tiempo, pero con la probabilidad de encontrarle salida, si nos interesamos verdaderamente por sacar al país del marasmo moral en que nos encontramos.

Es muy probable que la bestia que se ha incubado en el espíritu de muchos jóvenes que sienten adicción por delinquir y por hacer el daño a sus semejantes experimente una metamorfosis positiva, que les permita transformar esa actitud que los hace repulsivos, en jóvenes que puedan ser vistos por la sociedad algún día como agentes impulsores de los cambios que necesita el país.

Tags:

  • vejez
  • metamorfosis
  • desarrollo
  • humanidad

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