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Las turbas anárquicas y el abstencionismo

Las concentraciones populares sin límites legales no obedecen a la razón, sino a una emoción violenta que se va caldeando a sí misma, provocando una espiral viciosa que se alimenta del rencor y que es azuzada por pseudolíderes que instigan conductas de odio, basadas en sus propios resentimientos. Las turbas han existido desde siempre y todo el tiempo han gritado lo mismo: “¡muerte a lo establecido!, ¡queremos un nuevo mesías!, ¡no obedezcamos la ley!” Eso es lo que hoy está ocurriendo en El Salvador, cuando algún iluso y ciertamente más de algún perverso se esconde en la oscuridad de las redes sociales para desmotivar la participación cívica y llamar al abstencionismo y a desobedecer la Constitución.

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José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

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Ahí, la anarquía conoce a todos sus hijos: al auto proclamado redentor; a los esbirros pagados y a los secuaces psicopáticos que en medio del alcohol y las drogas gritan con efervescencia contra el Estado constituido; a la masa, que sin pensar se deja guiar, actuando con violencia y sintiéndose orgullosa de la destrucción que provoca; y finalmente a los “desencantados”, que sin esperanza, son caldo propicio para seguir a cualquiera que haga una oferta novedosa.

Pensar que el anarquismo solo se expresa en las calles, tirando piedras o injuriando a los que se les oponen, no es real; son siempre instigados por otros agitadores más peligrosos, los de “cuello blanco”, los que se esconden detrás de una tarima para vociferar contra lo establecido y llaman al desorden. Eso es lo que nos está sucediendo con algunas figuras emblemáticas del nuevo orden, en donde personajes como el señor Bukele aparentemente insta a las masas a no votar o a anular el voto y sus secuaces lo aplauden y lo replican alegremente. Esa acción, de ser cierta, sería una forma clarísima de anarquía neo populista.

El peligro que hoy vivimos, a 45 días de las elecciones, es terrible; hoy debemos votar por quienes nombrarán a los magistrados de la Sala Constitucional y al fiscal general; hoy elegiremos a quienes formularán las próximas leyes de la República e impondrán en ellas las sanciones correspondientes; pero nos enfrentamos con esa turba que se dibuja en el horizonte y a cuyo líder no le importa en nada el bienestar de la Patria; sino, si él sacará algún provecho; y han empezado a gritar que no debemos votar (o que hemos de anular el voto) porque dicen que todos son iguales y que solo deberemos asistir a las urnas para elegir al gobernante, cuando el nuevo mesías decida participar. ¡Antes, el caos!, ¡solo él importa! Y como él no participa, que la Patria se hunda y que las leyes y la Fiscalía y los magistrados desaparezcan, porque en el mundo ideal de este personaje y de sus secuaces, no hay reglas ni estructura. Todo debe ser horizontal y solo el gran líder ha de decidir sobre la vida y muerte de los ciudadanos.

De nosotros y de nuestra participación depende que el anarquismo se apodere de la Patria, o que sigamos viviendo en libertad.

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