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Lecciones de la Corona Británica

La boda de Harry y Meghan –el príncipe Enrique, duque de Sussex, sexto en la línea de sucesión de la Corona Británica, y la precoz e independiente actriz estadounidense Meghan Markle, hoy condesa de Sussex– es ciertamente un cuento de hadas, de esos que hoy día solo se ven en el producto de la imaginación de Hollywood.
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Carlos G. Romero, Ingeniero MBA, Msc

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Sin embargo, este evento es real y con enormes lecciones para un mundo que no logra abandonar los viejos prejuicios, siendo la exclusión del ser humano el más dañino y perverso de estos; exclusión que va en contra de la norma más fundamental de nuestra fe cristiana: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?” Y Jesús respondió: “El primero es: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos”.

Detrás de toda la pompa y el lujo, en esa grandiosa capilla de San Jorge, del Castillo de Windsor, qué espectáculo de amor más grande: la novia, norteamericana, divorciada, feminista, independiente, mitad afroamericana, de orígenes económicos sumamente modestos, una persona común y corriente, como cualquiera de nosotros, casándose con un príncipe, nieto de la reina Isabel, reina del Reino Unido, cabeza de la monarquía más tradicional e importante hoy día.

Quién se iba a imaginar hace tan solo una década semejante espectáculo en la capilla de San Jorge: Un coro de raza negra, de música “gospel”, cantando “Stand by Me”, canción de 1961, compuesta por Ben E. King a partir de un tema popular de música “gospel”. Y qué decir del sermón del pastor Michael Bruce Curry, obispo de la Iglesia episcopal, primer obispo de raza negra de esa denominación, apasionado promotor de la justicia social y la igualdad de las razas; enardecido sermón al mejor estilo de los predicadores afroamericanos. Sin lugar a dudas el sermón más animado, más apasionado, de todos los tiempos en la capilla de San Jorge. El buen reverendo habló de amor, citando a Martin Luther King “debemos descubrir el poder del amor, el poder redentor del amor...” cuando el amor es el camino, no habrá en el mundo un tan solo niño que se acueste con hambre.

Cuando el amor es el camino, la justicia fluirá como un fuerte arroyo... Cuando el amor es el camino sabemos que Dios es la fuente de todos nosotros. Y que somos hermanos y hermanas, hijos de Dios... este es un nuevo cielo, una nueva tierra, un mundo nuevo, una nueva familia humana.

Tomemos este momento para reflexionar, hemos hecho de nuestro querido El Salvador la tierra de la exclusión. La exclusión por virtud de nuestras creencias religiosas, de nuestras tendencias políticas; de nuestro estatus social, del tanto tienes tanto vales; de etnia o raza; la de no terminar, siempre hay excusas o razones para discriminar. Y lo más perverso es la “inclusión”, ese dañino asistencialismo que le roba al ser humano su dignidad, lo hace dependiente de ese egoísta caudillo que da lo ajeno para beneficio propio. Veamos, escuchemos, aprendamos y practiquemos.

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