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Cristian Villalta / Gerente de El Gráfico

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Saca vivirá en la infamia.

Detallar sus excesos, la hipocresía de sus adláteres o el calibre de su mentira no es el motivo de estos párrafos. De eso se encarga el fiscal general, con un histrionismo insuperable.

Tampoco fui un conocedor del personaje. Y estudiar un carácter como el del expresidente de la república, las ignotas deficiencias de su espíritu, escapa a mi comprensión, materia para mineros del alma humana como Leon Tolstoi, Stendhal o Charles Dickens, festival para cualquier criminólogo curioso.

Apenas aspiro a compartir mi estupor, que no se relaciona con el tamaño de lo robado sino con lo contagioso de esa corrupción, una epidemia de traición al país que este hombre le inyectó en las venas a parte de su gabinete, a un ancho espectro de la partidocracia y a, por lo menos, cuatro industrias nacionales.

Merced a su influjo personal, los institutos políticos de derecha padecen un descrédito brutal. Debido a su deseo de continuar mandando tras bambalinas, ARENA llevó a un delfín suyo como candidato y perdió las presidenciales de 2009. Peor aún, sus vasos comunicantes con el primer gobierno del FMLN fueron tales que una plática con su sucesor habría bastado para traspasarle algo más suculento que el poder.

Si ARENA, GANA, PCN y PDC recibieron su dinero en diferentes coyunturas electorales, y si sus operadores continúan vigentes, ¿hasta dónde puede decirse que Saca es todavía dueño de un pedazo de la política salvadoreña? ¿Alguien se animará a purgar ese germen de esos institutos? ¿Qué tan profundo están dispuestos a cavar?

En esas campañas, sobornos fueron y vinieron para que algunas agencias de publicidad le ayudaran a llevar el cash directo desde Casa Presidencial hasta la tesorería de sus emisoras. Antes, altos ejecutivos de al menos dos bancos nacionales también faltaban a sus obligaciones, permitiendo tratamiento VIP para los saqueadores de las cuentas del Estado y silenciando a los oficiales de cumplimiento. ¿El sistema bancario nacional se merece dejar una imagen de complicidad solo por la vileza de una decena de personas? No, pero el daño está hecho.

Con ese flujo de efectivo a diestra y siniestra, directo desde las arcas de nuestro macilento erario a su caja fuerte, Saca destazó varios mercados, especialmente el radial, con una práctica anticompetitiva por naturaleza. ¿Quién podía parársele a una empresa que se subsidiaba así? El agravio a empresarios honestos de esa industria no tiene nombre, y no se reparará subastando las frecuencias.

Otro efecto insospechado del desfalco es que consintió con unas condiciones salariales ilegales y desproporcionadas a tantos funcionarios, a tantos cuadros de los partidos políticos y a sus amigos que creó una nueva subclase social, los mantenidos de cuello blanco, personas de alto mantenimiento con las que pretendió dirigir la agenda de la clase media a su favor, una suerte de eunucos del espíritu, desde esferas como la religiosa, la deportiva y la empresarial. Tan recientemente como en octubre de 2016, aún le decían "señor presidente" cuando se reunían con él, casi un santo y seña de que pertenecían a la cofradía.

Podrán quitarle todo y borrar su nombre de cada placa, pero haber convertido la corrupción en sistema y la inmoralidad en cultura serán por siempre el legado de Elías Antonio Saca.

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